domingo, 29 de mayo de 2016

La Ley del Imperio o el Imperio de la Ley por Virginia Contreras

A diferencia del hijo de un ex presidente de Honduras los narco sobrinos de Cilia Flores sugieren una salida política que los deje libres

Hace unos días se produjo un hecho en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, que todavía ha dejado impactado a muchos de sus habitantes. Un ciudadano hondureño se declaró culpable del delito de narcotráfico ante la Corte del Distrito Sur de Manhattan. La historia comenzó en mayo del 2015, cuando agentes encubiertos de la DEA lo detuvieron en Haití.  Inmediatamente fue trasladado a la ciudad de Nueva York, siendo recluido en el Centro Correccional de Manhattan (CCM).
Dentro de todas las opciones, el declararse culpable ha sido lo mejor que se le pudo ocurrir. Con esto el indiciado ha evitado su participación en un juicio que podría llevarlo a recibir, si fuere declarado culpable, hasta cadena perpetua. Si bien la  juez no ha garantizado el tiempo de pena que le impondrá al confesante, normalmente en estos casos la justicia suele ser menos severa, pudiendo llegar hasta 10 años de prisión como mínimo. Es cierto que 10 años representan bastante tiempo para una persona en reclusión, pero si comparamos lo que significaría estar toda la vida en cautiverio, y eventualmente hasta morir entre rejas, la decisión era no menos que tentadora.


Este no es el único beneficio que podrá obtener dicho ciudadano.  Aun cuando deberá esperar tres meses para conocer su condena, mientras tanto permanecerá en el correccional en donde se encuentra. Una vez establecida la sentencia, se tomara en cuenta su actitud ante la Corte y será trasladado a una penitenciaria de mínima seguridad para cumplir la pena. Esto tampoco es poca cosa, al considerar que las prisiones de máxima seguridad en los EE.UU albergan a los más temibles criminales, los cuales al saber que pasaran toda su vida en prisión suelen ser bastante agresivos, e incluso cometer delitos terribles allí adentro.  
Procesos de este tipo, en donde se encuentran involucrados latinoamericanos, y más aún hondureños, se abren todo el tiempo en los EE.UU. De no ser por las características del indiciado, el caso hubiera pasado desapercibido. Pero este no es un caso cualquiera, estamos hablando de Fabio Lobo, hijo del ex Presidente de Honduras, Porfirio Lobo.
Fabio no es la única celebridad en el CCM. Aparte de él, y de 3 compatriotas, miembros de la familia Rozenthal, conocidos por pertenecer al mundo bancario, empresarial y político de su país, (detenidos por narcotráfico y lavado de dinero), compiten en popularidad los venezolanos, Francisco Campos Flores y Franqui Francisco Flores.
Este no es un tema nuevo en Venezuela, y de hecho el caso de los señores Flores ha tenido mucha resonancia en el país. No obstante, visto a la luz del prisma de los EE.UU, la situación puede apreciarse bajo otras connotaciones. Fueron detenidos en noviembre pasado, bajo similares circunstancias a las del hijo del mandatario centroamericano. Se encontraban en Haití, y al parecer pretendían introducir cocaína, vía Honduras, a los EE.UU, país este al cual ya habrían enviado un kilo de droga para demostrar su pureza en el mercado. Agentes encubiertos de la DEA, haciéndose pasar por narcotraficantes que pretendían colaborar con aquellos, los detuvieron.  Fueron trasladados a los Estados Unidos, puestos a la orden del mismo correccional CCM, y bajo la jurisdicción igualmente del Distrito Sur de Manhattan.
Los indiciados son sobrinos de la primera dama de Venezuela, y han sido criados por esta como sus verdaderos hijos. Si bien la pareja presidencial se ha mantenido en silencio hasta el presente, miembros del gobierno bolivariano han denunciado la detención como una “trampa del imperio” creada para desprestigiar la honorabilidad de la familia, y desestabilizar al Gobierno.  De haber tenido acceso a las fotos, audios, videos, y declaraciones de los testigos en contra de aquellos, muy probablemente dichos funcionarios hubieran tomado la misma actitud que el jefe de Estado y su señora.
Personas cercanas a unos de los tantos bufetes de abogados a los cuales han consultado, han hecho ver que el Gobierno venezolano les sugirió hacer llegar una  solución política al Gobierno americano, a fin de atenuar el grave asunto jurídico que implica la detención de los jóvenes. Así lo hicieron durante la detención en Aruba (2014) del ex jefe de la inteligencia venezolana, general (Ret.) Hugo Carvajal, acusado por el Gobierno de los EE.UU de colaborar con las FARC, y de estar vinculado con el narcotráfico. En este caso, pudo más la presión política y económica de las autoridades venezolanas que el interés de justicia  de los de la isla, lográndose la libertad del ex funcionario.
Pero la experiencia del bufete de abogados requerido, y su temor a las consecuencias de tal despropósito en un país en donde si existe la independencia de poderes, y en donde la justicia se respeta, pudo evitar el dislate de pretender sugerir algún tipo de prebenda a cambio de la libertad de los “narco  nephews”, como se les conoce popularmente en prisión a estos venezolanos.
A pesar de las similitudes, este caso no es igual al del Sr. Lobo. A diferencia de Lobo, los Flores no han tenido el mismo asesoramiento jurídico que este, por lo que puede suponerse que tendrán un destino diametralmente opuesto al hondureño. A pesar de las pruebas en su contra, insisten en su inocencia, circunstancia que no parece ser la mejor estrategia, si quieren recuperar algún día la libertad.  Por si esto fuera poco, tal vez por las ocupaciones políticas de sus familiares, o por interés de acallar los rumores, con excepción de sus abogados, nadie los visita. Puede que sus allegados desconozcan que mientras los detenidos permanezcan en el correccional, por lo menos podrán recibir visitas en una sala común, sin mayores obstáculos que el chequeo regular de seguridad. Pero una vez sean condenados bajo el cargo de conspiración para introducir cocaína a los EE.UU, la situación será diferente, teniendo que conformarse con la humillante visita bajo la separación de un ventanal de vidrio, mediante el uso de un teléfono local para comunicarse. De allí que los sobrinos deban pensar, que si su tía no se ha atrevido a visitarlos con las facilidades que ofrece el CCM, resultara improbable que lo haga bajo las condiciones de esas horribles penitenciarias.
El hecho es que prácticamente viven aislados, puede que por temor a alguna agresión de sus compañeros. Quizás estén esperanzados en la aplicación de la “justicia revolucionaria”, esa curiosa calificación que insistentemente repite el Gobierno en Venezuela, y que los jueces del país han decidido otorgarle a la justicia que allí aplican, en donde se perdona todo, salvo que el infractor sea un opositor al régimen.

No es posible adelantar opinión respecto al tiempo de condena que recibirá esta pareja. Lo que sí puede asegurarse es que cuando sus rejas se abran, la Venezuela que dejaron será muy diferente a la que encontrarán. Ya tendrán los Flores tiempo en prisión para darse cuenta que la justicia no es más que justicia, y que en donde existe el Estado de derecho lo que funciona no es la ley del imperio, sino el imperio de la ley.

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