lunes, 8 de mayo de 2017

Médicos ofrecen sus manos para sanar a las víctimas de la represión


Amigos anónimos no le han faltado a Víctor Salazar, joven que sufrió quemadoras en 80% de su cuerpo el miércoles pasado en medio de las protestas, ni a Pedro Yamine, la víctima de un arrollamiento que ejecutó un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana con la ballena cuando trataban de dispersar a los manifestantes ese mismo día.


El cirujano plástico Garbis Kaakedjian decidió llamar la familia de Salazar, de 28 años de edad, el viernes. Desde que se enteró que se había quemado y era atendido en el Hospital Domingo Luciani decidió buscar ayuda. “Hablé con dos colegas anestesiólogos, dos cirujanos plásticos y un especialista en cirugía de mano para ayudar a Víctor. Todos se ofrecieron a operar sin cobrar honorarios. Hasta me llamaron de una empresa de Estados Unidos que produce piel humana sin células para enviarla en un avión privado. Eso costaría al paciente 50.000 dólares, pero la iban a enviar gratis. Afortunadamente Víctor no la necesitará. Ofrecí mi ayuda para evitar que este joven tuviera un infección, porque en los hospitales en estos momentos solo hacen curas y hay una crisis de insumos”, explica el especialista desde una clínica privada en Caracas.
Su padre,  también llamado Víctor Salazar, recuerda que se enteró en Tumeremo, estado Bolívar, a través de las redes sociales lo que sucedía a su hijo. Lo vio arder en llamas y luego acostado en una camilla completamente quemado. Asegura que desconocía que su hijo, estudiante de Bioanálisis en la Universidad de Oriente, se había venido a Caracas a manifestar. Ese día sus allegados recolectaron dinero y él pudo subirse a un avión para llegar rápido. “Solo quiero decir que la necesidad de mi hijo Víctor la ha suplido el pueblo venezolano y la comunidad internacional, a quienes les doy las gracias”, dice su padre.
Hoy Víctor tendrá otra operación para hacerle injertos de piel. El cirujano plástico asegura que ninguna articulación está afectada y el joven podrá recuperar el movimiento en las extremidades.
En otra clínica de Caracas se encuentra Pedro Yamine, de 22 años de edad. El sábado despertó del coma inducido. “Hoy lo primero que me dijo es que estaba feliz de poder comerse una arepa venezolana”, dice su madre complacida desde la sala de espera. Yamine tardará al menos dos años en recuperarse porque tiene fractura de 7 costillas, un brazo y los omoplatos.

“Para acá vino el Ministerio Público y nos dijeron que iban a investigar. Yo no sé quién atropelló a mi hijo y no me importa porque creo en la justicia divina. Mi hijo ama a Venezuela, es fotógrafo independiente y quiere mostrar sus paisajes internacionalmente. En sus redes sociales están todas las veces que ha salido a llevar comida y ropa a quienes viven en la calle. Cuando tenía 16 años una vez lo busqué en San Bernardino a las 11:00 pm y lo encontré sin zapatos, pensé que lo habían asaltado, pero no. Se los dio a una persona que estaba descalza en la calle. Por eso Dios lo recompensó y no nos ha faltado ayuda con medicinas ni en atención. La clínica está costeando su recuperación”, cuenta su madre María Auxiliadora Yamine.

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