lunes, 30 de octubre de 2017

Aguinaldos se diluirán en un dos por tres




Foto: Cortesía
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Jesús M. Gambús 
redaccion@bloquedearmas.com
Los niveles inflacionarios que muestra la economía venezolana hacen predecir con mucha facilidad a los menos avezados en el tema que, los aguinaldos de este año, serán los más volátiles de la historia contemporánea.
Las expectativas sobre cómo repartir las utilidades de fin de año, tras 365 días de faena intensa (si fue el caso) supondrán, por lo tanto, un ejercicio mental que ocupará a empleados, pensionados y jubilados en los próximos días.

 
Sin ofender a los promotores del ahorro, será muy difícil cumplir con lo que en economías no sujetas a vaivenes como la venezolana, es sano e ideal. Igual consideración vale para las inversiones.
Es esta la traducción libre de las apreciaciones del economista y director de Datanálisis, Luis Vicente León: “No tiene sentido guardar ni ahorrar bolívares; la pulverización del valor de la moneda nacional es inmediata”.
Sobre el mismo punto coincide el economista Luis Oliveros: “Ahorrar como se hacía en el pasado se hace imposible”.
Otra manera de enfrentar la inflación y la disminución del poder adquisitivo es ahorrar en dólares, pero para hacer eso debe haber un control de los gastos por parte las familias.
Primer paso. ¿Cómo entonces proteger al aguinaldo de las profecías que hacen los analistas de los próximos meses?
“De anteojito”, la supervivencia tomará el control de las utilidades y empleará el dinero en alimentos, alentada por la tendencia casi irreversible de los mercados, supermercados y afines, de cambiar los precios casi diariamente, orientados por las subidas del innombrable.
No significa eso que la compra de alimentos, perecederos o no, permita abastecer decentemente la despensa de la casa, la nevera y complacer los gustos más sencillos de la cena de Navidad.
Los tradicionales platos de la época no parecen estar garantizados, al menos la hallaca, la reina de las festividades. Habrá que sacrificar en cantidad y calidad los ingredientes o emigrar a los bollos, si el bolsillo lo permite.
Comer pan de jamón parece más factible, por la hábil comercialización de los dueños de los hornos que, aplican la modalidad del “apartado”, que solo se veía en las tiendas de ropa.
Las provisiones espirituosas tan ligadas a la fiesta, parecen reservadas a quienes celebren las victorias electorales de los comicios previstos. Si se persiste en arropar la provisión etílica con los aguinaldos, probablemente las destilerías criollas tendrán oportunidad de colocar sus productos, en caso contrario debe apelarse a la fabricación casera del ponche, como lo hacían otras generaciones.
Regalos. El amigo secreto, el Niño Jesús, Los Tres Reyes Magos, los regalos de ocasión y hasta los presentes corporativos están en peligro. Pero, si la magia de la Navidad se impone sobre la hiperinflación debe abrirse paso entre tanta dificultad y reservar un pedacito de ese aguinaldo, para que llegue a manos de los niños, que a fin de cuenta son los santos inocentes.

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