lunes, 27 de noviembre de 2017

Prácticas y productos "de caché" son pasado




Foto: Archivo
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Carlos Carreño Zabala | czabala@bloquedearmas.com
Vestirse con ropa y zapatos de marcas, degustar buenas bebidas y exquisiteces gastronómicas, adquirir productos de renombre y realizar las más “finas” prácticas, caracterizaban el modo de vida de una gran parte de los criollos.


Sin embargo, la actual coyuntura nacional ha impulsado que el venezolano haga diversas actividades y consuma bienes a los que en otrora se le hacía el “fo” por ser mal vistos o ser considerados una “raya”. Lo paradójico del asunto es que éstos pasaron a ser también un lujo, pues los Bs 456.507 que percibe un trabajador que gana salario mínimo integral no alcanzan para mucho.
Comer lo que haya. La comida forma parte de los temas sensibles para los habitantes del país. Antes comerse una “bala fría”, como perros calientes o hamburguesas en un carrito callejero era mal visto por muchos. Ahora, esa parece ser la pauta debido a los altos precios en restaurantes y ferias gastronómicas ubicadas en centros comerciales. Eso sí, no hay que olvidar que hoy para los menos pudientes hasta “los asquerositos” están incomprables, pues un “hot dog” sencillo ronda los Bs 12 mil y la hamburguesa Bs 40 mil.
Las cadenas de comida rápida que les sacaban las “patas de charco” a infinidad de personas a la hora de “papear” ya forman parte de lo suntuoso. En contrapartida, emergieron las empanadas servidas en kioscos y luncherías, platillo que literalmente dejó “frito” al menú ejecutivo ante su impagable costo (Bs 40 mil, por debajito). A un gran número de criollos se los ve comiendo estas preparaciones que están en vías de ser catalogadas como un manjar por lo que cuestan. Además, una arepa con dos contornos no baja de Bs 30 mil.
Vestirse es mucho. La ropa era el gran delirio de los criollos. Marcas como Levis, Polo, Zara, Bershka, Pull & Bear, Aeropostale y Calvin Klein formaban parte del guardarropa de muchos venezolanos.
Las creaciones textiles de grandes diseñadores y la vestimenta importada, en general, tenían gran uso en el país. El debate en aquel entonces era si la prenda era original o una burda imitación. El indicador de vestir, de buen vestir, era la rúbrica que aparecía en camisas y pantalones.
Actualmente, eso ha cambiado y comprar prendas hechas por renombrados modistos son cosas del pasado. En Venezuela ya que cualquier prenda sencilla de algodón “descose” el bolsillo y el simple hecho de llevar algo puesto ya significa un gran esfuerzo económico, por ejemplo, un yin “chimbito” no baja de Bs 250 mil.
A lo Manacho. El calzado de marca también era una de las prendas que usaba el criollo para presumir “status”. Adidas, Nike, Converse, Tommy Hilfiger, Puma, Clark, Reebok, entre otras, eran algunas de las firmas de zapatos más utilizadas en Venezuela. Quién caminara y no luciera estas “joyas” para los pies era “pordebajeado”, cual Manacho, el personaje de la canción del Gran Combo de Puerto Rico cuyas zapatillas son de cartón.
Eso parece que quedó en el olvido y hombres, mujeres y niños del país lucen calzados que por su calidad y diseño están a un tris de ser los de Manacho.
El pachulí salva. El sector de las fragancias siempre fue una de los más exclusivos en la nación. Un perfume que no fuese MontBlanc, Pacco Rabbane, Carolina Herrera, Benneton, Armani, Lancome, Channel, Vesarce o de la rúbrica de algún personaje famoso, como Paris Hilton o Antonio Banderas era clasificado dentro del renglón: agua de colonia.
Algunos de los más modestos eran los que se vendían por catálogos, los cuales también tenían su público. Pero hasta esos son ignorados por venezolanos en la actualidad ya que cuestan “un ojo de la cara”, por ejemplo, el Tommy For Men se cotiza sobre el medio millón de bolívares.
El detalle curioso es que en otro momento económico, echarse un pachulí era impensable. Ahora, son los que salvan la patria por sus bajos precios.
La gente prefiere “oler” antes no oler u oler mal ya que comprar desodorantes y productos aromáticos baratones es misión imposible.
Los jabones son otro caso. En la Venezuela de la bonanza, un buen jabón debía tener nombre y apellido reconocido. En este país de limitaciones y desabastecimiento, los jabones artesanales y elaborados por pequeños emprendedores son los que dominan el mercado y acaparan la demanda.
Los fieles “lavagallos”. Tomar un whisky 12 o 18 años o buen un vino era lo más “top” entre las preferencias etílicas de los venezolanos. La cerveza también formaba parte del orgullo y del consumo nacional. En contraposición, el anís, la guarapita y algunas marcas de ron eran vistas como “lo peorcito”, solo consumidos por los amantes de la llamada “caña gasolina”. Hoy la realidad es otra. El ron seco o mezclado con refresco se ha impuesto, aunque para hacer la liga se necesitan al menos Bs 70 mil (Bs 50 mil para el ron “baratón” y Bs 20 mil para el refresco. Sin tomar en cuenta los Bs 40 mil que sale la bolsa de hielo). El anís lo sigue de cerca entre los gustos de los venezolanos, pese a que la botella de litro pasa los Bs 120 mil.
La guarapita y la sangría también dejaron de ser consideradas “lavagallos”, la segunda en presentación de 700 ml se ubicó la semana pasada en Bs 130 mil.
Genio y figura. Las féminas criollas siempre se han caracterizado por su coquetería, tan es así que la belleza y la gracia física se obtienen muy a pesar de que acceder a ciertos insumos se ha vuelto muy costoso.
Ir a la peluquería era un ritual sagrado. Ahora no, la mayoría de las mujeres se arreglan “las greñas” solas en casa o con la ayuda de algún allegado. Los hombres van por los mismos pasos y asisten cada vez menos a las barberías (el corte “económico” está en Bs 10 mil).
Igualmente, atrás quedaron productos de “belleza” que tenían presencia importante en los hogares venezolanos. Entre estos rubros que eran de uso fijo, destaca el caso de los tintes para el cabello marcas L’oreal, Schwarzkopf o Koleston. En su lugar, son usadas las tinturas chinas anónimas. Incluso, hasta las pinturas de uñas marca Valmy eran “cualquier cosa”, hoy en día son las más buscadas porque salen en unos Bs 25 mil (el precio más barato del mercado).
Del champú y el acondicionador, algunos ni quisieran acordarse ya que han tenido que renunciar a clásicos, como Pantene, Garnier o Sedal, y pasarse al bando de los brebajes para el pelo poco conocidos.
Las salidas merman. Ir al cine era considerado como para matar el tiempo. Los jóvenes, principalmente, lo veían como una salida más mientras que para los novios era la última opción entre un abanico de posibilidades.
Sin embargo, asistir a ver una película lidera la lista de salidas muy a pesar de que no resulta nada barato. En Caracas, por ejemplo, la entrada más económica no baja de los Bs 14 mil y la más cara sale en Bs 60 mil. El combo de cotufas para dos personas se encuentra en Bs 40 mil.
La playa es tema aparte. Antes, darse un baño con agua salada era algo casi que cotidiano para las familias venezolanas. Actualmente, no. Sale “cariñoso”, aún cuando se lleve todo preparado y listo desde casa.
Los viajes, en general, también han disminuido. En el país del pasado, viajar sobre todo al extranjero era frecuente y daba distinción. Ahora, hasta visitar a un familiar en el interior de país da “dolor de cabeza”

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