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martes, 15 de mayo de 2018

La familia se lleva al hogar en la maleta

Foto: Archivo
Como ningún momento de la historia patria, la familia venezolana disgregada, rota en muchos casos, reclama atención y pide a gritos se preserve aquella frase tan cierta como manida que la proclama como la base de la sociedad.
No es fácil que se le cumpla el deseo. La tormenta político económica que sacude al país, sorprende a todos hoy, consagrado como el Día Internacional de la Familia.


Pocos se dan por enterados de la fecha y, si alguna información les hubiese llegado, por igual no se sentirían con ánimos de celebrar.
Ruptura
Por tradición, la conformación de la familia venezolana no presenta las características de otras. Los estudiosos advierten una estructura de pareja tan débil como para servir de base a la familia nuclear, ese conjunto de primos, tíos, suegros, etc.
Es fácil notar que de rompe, la mujer es el gran soporte de la familia, ante una figura paternal ausente y que en muchos casos se desentiende de su prole y sus obligaciones.
La tendencia que domina en el pueblo no tiene el mismo comportamiento en la clase media, donde el padre no abandona a la familia con la misma frecuencia.
A toda esa estructura complicada que marcamos en el curso de los años y nos define, se suma el peso de los cambios integrales promovidos desde el Gobierno, con la llegada del chavismo.
El Socialismo del Siglo XXI, marca su huella en los hogares venezolanos y traslada la pugna política a las relaciones familiares, alterándolas por completo.
Paulatinamente, las conversaciones de mesa dan paso a las críticas, aumentan las tensiónes con discusiones, conflictos, hasta llegar a la ruptura.
No obstante, con ayuda del tiempo, esa separación familiar alimentada con la vieja premisa de “Divide y vencerás” ha dado paso al arrepentimiento y la reconciliación.
Las historias de divisiones familiares se aprecian hasta en la propia dirigencia, como los casos de los hermanos Villegas, la disparidad de criterios de la diputada Manuela Bolívar y su padre Didalco, por citar solo unas.
La Diáspora Capítulo aparte escribe en la familia el llamado paro petrolero de 2003 con el despido y la persecución judicial de gran parte de los empleados de Petróleos de Venezuela.
Gran parte de los 15 mil empleados despedidos de la industria estatal petrolera y el rechazo al renganche provocó el éxodo hacia países urgidos de la experticia de gerentes y técnicos venezolanos.
Desde entonces, el flujo migratorio venezolano supera los cuatro millones y medio de personas, según los cálculos de diversas organizaciones.
Lazos fuertes
En procura de mantener la unión familiar, muchas proyectos de inmigración procuran desarrollarse en países vecinos, de manera de atender con prontitud cualquier emergencia de quienes se queden en el país.
El inmigrante venezolano no se ha desprendido de su núcleo familiar, de allí el número cada vez mayor de remesas enviadas, que auxilian las necesidades básicas de sus miembros.
Niñez dejada atrás
La crisis humanitaria por la que pasa Venezuela actualmente está afectando gravemente a los niños.
Los chamos están creciendo sin la presencia del núcleo familiar completo, ya que sus padres han tenido que abandonar el país por una mejor vida o simplemente tratando de buscar una solución económica para poder ayudar a la familia.
El rompimiento de este núcleo está creando conflictos en los sentimientos de los jóvenes. Esto se nota más en los pequeños de la casa, porque no entiende el motivo por el cual se fue su padre, no se explica el por qué lo dejaron.
En otros casos los jóvenes al no tener esa autoridad en casa, eligen la opción de salir a la calle a buscar ese apoyo que no tienen en casa.

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