lunes, 9 de julio de 2018

La ley del revólver le gana a la del Desarme



Foto: Referencial
Foto: Referencial

Redacción 2001 
El perreo alcanza un sentido diferente al de la pista de baile, cuando las mafias internacionales activan sus estrategias más obscuras, para surtir de todo tipo de armas a Estados, organizaciones e individuos.
Cuando la red de complicidad que se monta sobre cifras millonarias termina llevando su paquete al eslabón más extremo de la cadena de la violencia, deja en manos indebidas la pistola, el revolver que mañana enlutará a un hogar.


Para esos perros de la guerra al por mayor y al menoreo uso, porte y tenencia de armas de fuego hoy podría ser un mal día. Y es que este lunes es el Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego, establecido así por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 2001.
En Venezuela, la política correspondiente es una bandera del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Interiores y Justicia que se agita con frecuencia en el Servicio Nacional para el Desarme (Senades) como parte de lo que suele etiquetarse como "una cultura de paz y sana convivencia".
A otras luces, el pase de las ruedas de un tanque sobre una alfombra de revólveres y pistolas decomisadas o "entregadas voluntariamente" podría representar una esperanza de vida, más la realidad de la calle le dice otra cosa. Y eso, sin que las cifras de muertes por violencia sean proporcionadas cabalmente.
La Ley del Desarme se queda corta en su enunciado: "El Estado venezolano, a los fines de salvaguardar la paz, la convivencia, la seguridad ciudadana y de las instituciones, así como la integridad física de las personas y de sus propiedades, implementará políticas integrales dirigidas al desarme de la población".
El mandato constitucional, de estricto cumplimiento, queda detenido en el sistema penitenciario, donde supuestamente el control de armas es más expedito y se penaliza a través del artículo 122

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