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lunes, 6 de agosto de 2018

La Guerra Fría está más caliente que nunca


Foto: Archivo
Foto: Archivo

Jesús Gambús
Otro seis de agosto. La fecha vuelve a convocar irremediablemente a la humanidad a reflexionar sobre la destrucción de las armas nucleares, a propósito de la mortandad que en fecha similar, pero en 1945 asoló a la ciudad japonesa de Hiroshima.



Sin embargo, todas esas frases, discursos que se expresarán hoy antes del minuto de silencio sepulcral de Hiroshima, con repetición similar en Nagasaki el próximo jueves, son parte de un dilema que no tiene más de un enfoque.
La continuidad de la existencia no depende exclusivamente de los dueños del arsenal nuclear, como quedó al descubierto en el desastre de Chernobyl, en 1986, cuya explosión accidental liberó una radiación que afectó a densas regiones de Europa y Eurasia.
La calamidad vivida en la extinta Unión Soviética se asomó de nuevo en marzo de 2011, cuando un terremoto y un tsunami se combinaron para dañar al reactor nuclear de la central japonesa de Fukushima y poner en vilo a millones de personas.
Hiroshima, Nagasaki, Chernobyl y Fukushima son parte de la interrogante. ¿ Se puede prescindir de la energía nuclear ?
Es facil hacer filas para condenar el uso del armamento por parte de las megapotencias, pero qué decir del uso racional de fisión nuclear y su presencia en la vida diaria?.
Mientras llega la respuesta, el debate está abierto en los parlamentos que evalúan si se continúa la construcción de los reactores nucleares o se procede a “apagarlos” progresivamente para darle paso a otra fuentes de energía alternativas.
La data de de la ONU señala que actualmente operan unos 444 reactores en 30 países produciendo el 16% de la electricidad mundial. 

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