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lunes, 29 de octubre de 2018

Análisis ND: Rusia y China toman el control del programa económico de Maduro


29 octubre, 2018
Pedro García Otero / 29 oct 2018.- Al Gobierno de Nicolás Maduro, eso está muy claro, no le sobran los amigos. Internacionalmente, los únicos que se le conocen con poder financiero para sostenerlo, sobre todo más allá del 10 de enero de 2019, son Rusia y China.




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Y ambos, en estos días, han mostrado públicamente su intención de señalarle a Maduro y a sus funcionarios que se está equivocando. Dicen que el mejor amigo es el que te canta las verdades así te duelan.
Este fin de semana, durante un acto en VTV (Taller de Formación en el Área Económica, con “expertos de China”), Wilmar Castro Soteldo, ministro de Producción Agrícola y Tierras, preguntaba a uno de sus interlocutores asiáticos cómo ellos “controlaban” la actividad privada.
La respuesta del técnico debe haber representado un auténtico baño de agua fría para Castro: En la República Popular China, en la China comunista, pues, el Estado no controla a las empresas. 90% de ellas son privadas; pero no solo es que el Estado no las controla. Las incentiva. Incluso las subsidia, le respondió el oriental al ministro.
El director de programación de VTV (todos ellos son hombres de grandes reflejos para la línea editorial) envió a la reportera de cabina del canal al corte, como hacen siempre que algo contraría al Estado, o quizás por simplemente evitarle la pena a Castro Soteldo, como si el hecho de que, más allá de semejante pregunta y luego de 20 años, un tipo que ha sido gobernador, constituyente, ministro de Turismo y de Agricultura (un polienchufado, pues, como todos) necesite un “taller de formación en el área económica” digno de un estudiante de pregrado, no fuera vergüenza suficiente.
Soteldo, también como todos, o casi todos en el Gobierno de Maduro, es licenciado en artes militares. El chip del control sobre la economía lo tiene bien metido en la cabeza. Pero los chinos, como los rusos, están muy preocupados por la evolución cada vez más aguda de la hiperinflación y de la crisis economíca. Los chinos porque quieren cobrar; los rusos, porque perderían con Maduro la punta de lanza de su penetración en América Latina, y a su principal comprador de pertrechos castrenses en la región.
Ben Bartenstein, reportero de Bloomberg, señalaba en un tuit este lunes que Rusia “ha enviado una delegación de alto nivel a Venezuela para trabajar en un programa económico. Los funcionarios enviados incluyen al viceministro de Finanzas Sergei Storchak, quien se reunirá con autoridades locales este martes, dijo el Ministerio de Finanzas de Rusia. No hay detalles sobre la extensión de la potencial ayuda rusa”.
Los chinos solo dan buenos consejos, por ahora. Por dos veces, Simón Zerpa, ministro de Finanzas venezolano (que no estaba en el taller de formación económica, pero de pronto también lo necesita) ha señalado que los chinos han prestado 5 mil millones de dólares. En ambas oportunidades, los asiáticos han hecho la concesión de extender los vencimientos de un crédito que saben que no le van a poder cobrar a Venezuela. Ahora, como se ha dicho, han tomado el control directo de la situación, pero tienen que lidiar con ministros como Castro Soteldo.
En tanto, los rusos envían a Storchak, lo cual no son palabras menores. Se especializa en relaciones económicas internacionales, y fue “una figura prominente en las negociaciones sobre el pago de la deuda post soviética”, según señala su perfil de Wikipedia.
También fue uno de los negociadores en la reestructuración de la deuda rusa con el Club de París, proceso que se completó el año pasado, antes de que el país sufriera sanciones financieras de EEUU, como las tienen funcionarios venezolanos.
Y también (y esto le resultará interesante a los lectores y a sus interlocutores chavistas) estuvo detenido dos años en su país bajo alegatos de fraude. Los cargos se desecharon en 2011 por falta de evidencias, según la Fiscalía rusa.
Su visita a Venezuela tiene un inevitable toque de realidad: es sus condiciones actuales de postración, el país ya está en default con más de 6 mil millones de dólares (cifras de agosto), y es incapaz de pagar sus deudas. Ni ahora ni más nunca.
Por ahora, tanto Rusia como China piensan que el hombre que está en condiciones de pagarle es Maduro. Pero no van a permitir que siga jugando con la economía, sobre todo luego de que, desde agosto hasta hoy, el nuevo “bolívar soberano” haya perdido 90% de su valor, que los precios pasen de duplicarse a triplicarse mensualmente y que cada día, la situación económica lleve a una inminente insurrección.
Pero quizás en algún momento, ambos países consigan la garantía de que un nuevo Gobierno podría pagarles mejor, porque este no se resigna a la idea de abandonar los controles.
Si esto llegara a pasar, ¿quién defenderá a Maduro más allá del 10 de enero de 2019, cuando pasa a convertirse en el presidente de un Gobierno que no reconocen ni EEUU, ni la Unión Europea, ni sus 17 vecinos más importantes, ni otros 20 y pico de países del mundo?

En resumidas cuentas, toca comenzar a aplicar las recetas del técnico chino. O desaparecer. Como Gobierno y hasta como nación.

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