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jueves, 25 de octubre de 2018

México: enfermedad, miedo y acoso merman caravana migrantes


Actualizado 3 horas 8 minutos
La naturaleza espontánea de la caravana, a la que muchos se sumaron sin pensarlo y rumores sobre migrantes muertos hicieron desistir a Sarmientos Aguilar.
Se unió a la marcha “sin pensar en lo que podría pasar y en las consecuencias que tendría”, apuntó añadiendo que el fallecimiento de una persona que se cayó de un camión el lunes y los rumores de otros dos asesinados en Huixtla, fueron decisivos en su caso.
"Han pasado muchas tragedias, no es necesario ir perdiendo más vidas para llegar allá (Estados Unidos)", dijo. "Me encuentro un poco mal de salud, del pecho. Tengo tos entonces creo que arriesgarme a que me vaya a enfermar más y que me suceda algo, mejor me regreso a mi casa".
Carlos Roberto Hernández, de la provincia de Yoro, en Honduras, tenía una tos ronca. Para él, el detonante para dejar marchar la caravana fue el calor abrasador durante el día y las lluvias por la noche.
"Nos cayó una lluvia y desde entonces para acá hemos tenido una gripe”, señaló Hernández. Preguntado por si volvería a intentar llegar a la frontera estadounidense, contestó rotundo: "No. Voy a hacer mi vida en Honduras".
En el caso de Pedro Arturo Torres, la nostalgia habría quebrado su determinación de llegar a Estados Unidos.
"Uno no sabe el camino que le espera", manifestó Torres. "Queremos regresar a nuestro país. Que sea que vives con unos frijolitos, pero puedes sobrevivir, con nuestra familia, tranquilos”
La actitud del gobierno federal mexicano también ha sido decisiva para reducir el desgastar a la caravana.
Toda la comida, prendas viejas, agua y medicamentos que se da a los migrantes son donaciones privadas, de grupos religiosos o funcionarios locales que empatizan con ellos.
El ejecutivo mexicano no ha entregado a los migrantes ni una sola comida, baño o botella de agua. Esas consideraciones básicas están reservadas únicamente a quienes solicitaron visas o ser deportados en oficinas de inmigración. Casi 1.700 personas abandonaron la caravana y solicitaron asilo en México, dijeron las autoridades.
Pero en alguna ocasión, la policía federal interfirió en la caravana.
En al menos una ocasión, The Associated Press vio como agentes federales pararon a media docena de camionetas de pasajeros y obligaron a los conductores a echar a los migrantes mientras dejaban a los mexicanos a bordo. Con un clima en el que el calor hace casi imposible caminar a mediodía, este tipo de tácticas podría tener consecuencias sobre la salud de los inmigrantes.
En Mapastepec, donde el grueso del grupo se alojó el miércoles en la noche, parecía que el tamaño de la caravana había disminuido ligeramente. Naciones Unidas estimó a principios de semana que en la marcha participaban 7.000 personas. El ejecutivo mexicano dijo el miércoles que había “aproximadamente 3.630" personas.
Los padres dicen que siguen caminando por el futuro de los hijos y el miedo a lo que podría pasarles si regresan a Honduras, controlado por las pandillas violentas que fueron, a su vez, la razón por la que decidieron irse en primer lugar.
"Ellos no pueden andar solos... con peligro siempre", dijo Ludin Girón, una vendedora ambulante Hondureña que realiza la complicada ruta con sus tres hijos. "Cuando ellos (las maras) miran una niña ya bonita, ya la quieren para ellos. Si ven un varón ya quieren meterlo a la droga".
Negarse a cualquiera de las dos opciones puede tener consecuencias letales. Honduras tiene una tasa de homicidios de alrededor 43 por 100.000 habitantes, una de las más elevadas del mundo en un país sin guerra.
El miércoles, Girón se apiñaba con sus tres hijos _ Justin y Nicole de tres años y Astrid, de cinco _ el asiento de una moto taxi diseñado para dos pasajeros. A bordo del cargado vehículo iban también Reyna Esperanza Espinosa y su hija de 11 años Elsa Araceli.
Espinosa, una cocinera de tortillas de Cortés, Honduras, apuntó que en su país no hay trabajo. “Por eso decidimos venir para acá, para darle un mejor futuro a nuestros hijos”, dijo.
Este tipo de caravanas suelen celebrarse de forma regular, aunque a una escala menor, desde hace años, pero el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se aprovechó del fenómeno este año y lo convirtió en un llamamiento a la base republicana antes de las elecciones de mitad de legislatura del 6 de noviembre.
El mandatario culpó a los demócratas por las leyes de inmigración “débiles” y afirmó, sin pruebas, que pandilleros de la MS-13 y desconocidos de Medio Oriente se esconden entre la multitud. Trump reconoció más tarde que no había "ninguna prueba" de que habitantes de Medio Oriente formaran parte de la marcha, pero el miércoles advirtió en Twitter que "tenemos fronteras fuertes y nunca aceptaremos que personas ingresen ilegalmente a nuestro país".
Periodistas de la AP que vieron a multitud de hondureños, guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses, pero a nadie de Oriente Medio. Muchos eran jóvenes que viajaban con sus familias y, una vez más, apuntaron a la pobreza y la violencia en sus países como sus motivos para emigrar.
Otra marcha más pequeña, organizada a principios de año, disminuyó notablemente a su paso por México y solo 200 migrantes llegaron a la frontera en California. Los que consiguen cruzarla enfrentan dificultades para poder quedarse en el país: las autoridades no consideran la pobreza, que muchos citan como motivo para emigrar, en el proceso para solicitar asilo.


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