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sábado, 24 de noviembre de 2018

Huir de Venezuela para triunfar en Guayaquil

Frányela Guerrero, una de las venezolanas que trabaja en el 058 Street Food de Urdesa Central. Foto. ecuavisa.com



En Venezuela “no sabíamos si íbamos a salir en la mañana y en la noche íbamos a llegar vivos”, reseñó ecuavisa.
“Solamente mi esposo y yo nos vinimos y llegamos aquí y no teníamos absolutamente a nadie”…
Ecuador “nos dio la oportunidad de salir adelante, de ser emprendedores, pero (…) siempre tenemos presente a nuestro país, a nuestra gente”…





Entre la primera y tercera frase median 3 años. Oriana Rosales los ha resumido en minutos, pero nada ha sido fácil para ella (26 años) y su esposo, Francisco Galdona (27 años), dueños de 058 Street Food, un local de hamburguesas que ha cautivado paladares en Guayaquil.
2015. Venezuela. Puerto Ordaz, estado Bolívar. La delincuencia rampante en medio de la ya tantas veces contada crisis de esa nación. ¿La gota que derramó el vaso? “Me robaron en mi casa, a mi esposo también le robaron, nos llevaron, y eso nos hizo irnos del país porque no podíamos seguir así”, cuenta Oriana, una tarde de noviembre, sentada en una de las bancas de su negocio en Urdesa Central, en el norte de la ciudad.
Puerto Ordaz-Caracas-Panamá-Guayaquil


¿Por qué el Puerto Principal? “En internet decía que había una buena economía o, por lo menos, era estable. La moneda era el dólar y (Ecuador) era un país que quedaba cerca de Venezuela, donde nuestra familia podría visitarnos”, sintetiza Oriana, contadora pública, en el balance de cómo fue hilando su nueva vida.
“Solamente mi esposo (ingeniero civil) y yo nos vinimos y llegamos aquí y no teníamos absolutamente a nadie. Cuando llegamos aquí empezamos a buscar trabajo y no conseguíamos, se nos complicó mucho”.
Una mano adelante y otra atrás…


“Hacía mucho calor, mucho más calor que allá en Puerto Ordaz. Estábamos angustiados porque no conseguíamos trabajo y no teníamos a nadie. Solamente estábamos mi esposo y yo y no teníamos tantos venezolanos, no había venezolanos, en realidad. Era muy raro que vieran un venezolano; lo escuchaban a uno y le decían: ‘Oye, un venezolano, mira’.
Una mano adelante y otra atrás… y unos ahorros.
“Como ya teníamos un dinero de Venezuela, vendimos un carro que teníamos y con ese monto empezamos a emprender un local, pero no sabíamos de qué era. Alquilamos y no sabíamos qué íbamos a vender. Queríamos vender comida, queríamos vender ropa, hasta que nos decidimos por comida y principalmente iba a ser comida venezolana, pero en ese momento aquí no había tantos venezolanos y a lo mejor la gente no iba a venir a probar la comida porque no es lo que acostumbran a comer. No comían arepas, no comían todas esas cosas como ahorita. Entonces decidimos hamburguesas porque era algo que a nosotros nos gustaba mucho y es algo que la gente comía más”, explica.

La decisión era solo el primer escalón. Ahora tenían otro peldaño por trepar: aprender a prepararlas. Allí fue clave el apoyo de un amigo. “Cuando ya habíamos alquilado el local y resolvimos lo que íbamos a cocinar, un amigo que estaba en Venezuela que estudio de chef vino a ayudarnos con todo lo de las recetas. Estuvo 2 meses y luego se fue”.
¿Qué definió este emprendimiento? La respuesta está íntimamente vinculada a su terruño: “Nos dimos cuenta de que aquí las hamburguesas no las vendían como, por decir, en nuestra ciudad. Allí es característico que a las hamburguesas tú le pongas los vegetales y salsas, así como está ahí (Gira un poco y señala la mesa donde reposa perfectamente ordenado lo que acaba de mencionar). A ti te entregaban la hamburguesa normal, solo la carne, el pan, las proteínas y tú le colocabas todo ahí. Y a nosotros nos gustaban mucho las hamburguesas e hicimos una mezcla de todas esas cosas. Al principio, a la gente como que no le gustaba pararse, poner allá todas las cosas, pero ahorita como que sí le gusta bastante”, evalúa Oriana, espejuelos redondos, cabello en moño, camiseta y jean.
A continuación, nos explica la anatomía del nombre del local: “058 es el código país de Venezuela, es como el 593 de aquí. Y el Street Food es porque íbamos a vender todo tipo de comida de calle como hamburguesas, hot dogs, papas fritas, salchipapas”.

Otra particularidad del negocio, que también cuenta con un local en vía a la Costa, es que allí solo trabajan compatriotas de Oriana y Francisco. “Fue una circunstancia que se fue dando y después cuando ya llevamos como año y medio, mi esposo me dijo que siempre fuera así, que trabajaran con nosotros puras personas de Venezuela porque ellos son, más que todo, los que saben cómo es nuestra comida, la sazón que usamos. Y que las personas también se sientan identificados que este lugar es de venezolanos, que estamos aquí trabajando para que la gente pruebe la mejor comida”, resalta, orgullosa.
Le preguntamos cuál es la fórmula del éxito y ella no titubea: “Lo que nos provocó el éxito es que nuestras hamburguesas son diferentes a las de las demás personas. Tenemos rellenas de queso, con pizza en una sola opción, gigantes y opciones grandes. Adicional, tú les colocas todos los vegetales; tenemos 11 salsas y 8 vegetales. Son hamburguesas con otro estilo, no es la tradicional hamburguesa que te entregan, toma y cómetelo así, y solo te ponen salsa de tomate y mayonesa”.
¿Cuánto han cambiado sus vidas desde que llegaron a Guayaquil?
“Ha cambiado bastante porque en ese momento (2015) nosotros no conocíamos a nadie, solo estábamos él (esposo) y yo y poco a poco hemos ido conociendo más personas, tanto ecuatorianos como venezolanos que nos han ayudado y han confiado en nosotros. Hoy en día en difícil iniciar un negocio porque así como hay muchos venezolanos buenos trabajando, también hay varios venezolanos malos. Eso ha hecho que se restrinja bastante lo que es el alquiler de locales y muchas cosas con nosotros. Y en ese momento nosotros recibimos bastante apoyo de los ecuatorianos. Y de ahí, poco a poco, fueron llegando compatriotas que los fuimos ingresando a trabajar aquí. Entonces como que ya tenemos un grupo de amistad, ya nosotros nos sentimos como que somos de aquí”.
Venezuela, en la mente y en el corazón
“El país nunca se va a olvidar. Todo lo que tenemos aquí es gracias a lo que trajimos de allá también”, menciona. “Nosotros ayudamos a las personas allá porque allá la situación está bastaaaaante difícil”. Y multiplica la “a” intermedia de la palabra con un filón en el que es audible una pena que late.
¿Qué es lo que más extraña?
“La familia”, responde, de una, Oriana mientras en los parlantes estalla “Única” del reguetonero Ozuna y a una pareja le despachan unas hamburguesas.

“Tengo 9 tíos y somos 60 primos, sin meter a los hijos de mis primos, y de todos ellos en Venezuela solo me queda mi mamá. Todos mis tíos están viviendo por todo el mundo, tengo muchos primos que no conozco, ni siquiera sé si algún día los voy a volver a ver porque están tan lejos, regados por todas partes y todo por culpa del Gobierno. Si la situación del país no hubiera estado así, nadie se hubiera ido”, critica.
Oriana entra, verbalmente y por unos minutos, en los linderos de la política. “No sé cuándo se va a ir el Gobierno. Es algo que ha desunido a todo el país, es lo peor que nos ha pasado a nosotros como venezolanos porque si bien estamos afuera y estamos bien viviendo y ayudando a nuestra familia que está en Venezuela, estamos todos separados”.
“Ahí no sirve nadie, ni el Gobierno ni la oposición. Yo no sé qué es lo que salvaría a ese país. No hay una esperanza de volver a lo normal. Son unos vendidos, se ponen de acuerdo, lo ganan, no lo ganan. En realidad nunca resuelven nada. El pueblo confía en una opción y todo el mundo se anima y después queda por el suelo porque no es nada de lo que uno esperaba”, recalca con decepción.
La pareja no volvería a Venezuela aunque cambie el régimen. Para fundamentar su motivo, ella reposa, por un momento, su celular en la mesa y, con las manos libres, grafica una especie de cuadro: “Es como cuando tú tienes un rompecabezas y tú lo compras y está armado. Cuando tú lo desarmas, se te hace muy rápido y eso fue lo que hizo el Gobierno con nuestro país: desarmó un rompecabezas. Cuando ya tú te pones a armar el rompecabezas de 100 piezas, te tardas muchísimo más. No sabemos cuándo se terminará ese Gobierno. Cuando tome las manos, ¿cuánto tiempo se va a tardar en que el país se reconstruya?”.

“Además, en estos 3 años nosotros ya hemos emprendido aquí, ya nuestra vida está aquí. A pesar de estar lejos de la familia, ya nosotros nos hallamos aquí como si fuera casi Venezuela”. Actualmente también están en Guayaquil el cuñado de Oriana y su esposa.
“Mi esposo viajó a Venezuela una semana y al segundo día me decía que ya se quería venir para acá, que ya extrañaba. La gente aquí en Guayaquil es buena, es abierta, se parece mucho a nosotros”, opina.
Este 22 y 23 de noviembre de 2018 se desarrolla en Quito la II Reunión Técnica Internacional sobre la movilidad humana de ciudadanos venezolanos en las Américas, que, entre otros puntos, propone el combate de la xenofobia, el rechazo a los extranjeros.
Oriana rememora: “No hemos pasado por eso. Por un momento, no sé hace cuándo, creo que como hace un año, el video de unas venezolanas que vendían helado en la calle, que salió en redes sociales y todo, que se burlaban de los ecuatorianos, en ese momento como que sí, pero nunca he sentido así un acto para nada. Nosotros no hemos sentido ningún acto de xenofobia desde que llegamos acá”.
¿Qué es lo que espera para el futuro inmediato de su país?
“Espero que se arregle esa situación, que el Gobierno se vaya y que ya puedan volver muchos que, como yo, a lo mejor no están siendo exitosos y necesitan volver al país, que solamente están como viviendo el día a día afuera”.

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