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sábado, 9 de mayo de 2020

Cambio de vida: Abuelos obligados a adaptarse al encierro en Venezuela



Maria Araque, de 90 años, sostiene su cabeza en sus manos en su casa durante la cuarentena nacional debido al brote de la enfermedad del coronavirus (COVID-19) en Caracas, Venezuela, 25 de marzo de 2020. Fotografía tomada el 25 de marzo de 2020. REUTERS / Manaure Quintero

Actividades sencillas como salir a caminar, saludar a los vecinos y hasta ir de compras ha quedado atrás para los abuelos, pues han tenido que cambiar su rutina para amoldarse a las medidas de confinamiento impuestas en el país, las cuales establecen que los mismos deben permanecer en sus casas, ya que contraer el virus puede ser mortal para ellos.
Por Lorena Rojas | LA PRENSA de Lara


Aunque al principio de la cuarentena, los de la tercera edad no podían ni siquiera asomarse a las rejas, ahora tienen algo de flexibilidad, desde las 7:00 a.m. hasta las 12:00 p.m., horas en que el gobierno recomendó que fuesen solamente para “estirar las piernas” en un espacio menor a 20 cuadras.
Pero cuentan que este cambio de rutina de un día para otro los ha afectado, confesando que se sienten ahogados en sus casas, por lo que se han visto en la obligación de ocuparse en distintas tareas del hogar para que los días no les parezcan tan largos.
María Alejandra Simón tiene 67 años de edad, sufre de diabetes y no puede caminar a menos que sea con la ayuda de una andadera. Cuenta que antes de la cuarentena pasaba sus tardes en frente de su casa disfrutando de la brisa, viendo los carros y hablando con los vecinos, pues por su dificultad de caminar no se alejaba mucho de su casa.
“Ahorita ayudo con lo que puedo y me dejan hacer en la casa, por ejemplo para la comida ayudo a picar los aliños, como ya no puedo salir paso el día durmiendo, aunque de vez en cuando si salgo a la calle para agarra un poquito de fresco”, asegura Simón.
“Ella vino de visita y por la cuarentena se tuvo que quedar aquí”, comentó Yaneth Sánchez haciendo referencia a la señora Esperanza de Baldayo, de 95 años, de quien aseguran que en un día normal en el campo que es donde vive podía hacer los quehaceres de su hogar y hasta entrar al “monte” a picar leña para cocinar.
La señora de Baldayo asegura que ahora basa su día en comer, dormir y medio asomarse a la puerta, ya que los funcionarios policiales y militares cada vez que pasan por su sector, le dicen que debe estar dentro de su casa “descansando”.
Otros abuelos que también ven desde dentro de su casa a la gente que pasa caminando son los hermanos Hernán Gil de 89 años y María Gil de 81 años, sus hijos y sobrinos aseguran que con las medidas de confinamiento en el país ya su papá y tía no volvieron a salir más, por lo que ahora se sientan en la entrada de sus casas con la puertas cerradas.
“Es difícil como se han tenido que amoldar a lo que estamos viviendo, antes ellos salían a caminar un rato por la comunidad y eso es algo que ya no pueden hacer”, comentó Gloria Gil.
Así mismo Gil aseguró que conseguirles los medicamentos ha sido toda una odisea, pues tiene que ir de farmacia en farmacia a ver donde consigue los medicamentos para la tensión y la azúcar “cada día los medicamentos aumentan de precio, hacemos hasta lo imposible para que no les falten y aunque es una tarea difícil lo hemos podido lograr”.
Recuerdan oficios
Rosa Contreras pasa las tardes en el porche detrás de las rejas, ahí desde la 1:00 p.m. se sienta a bordar y a recordar ese oficio que no había podido hacer desde hace mucho tiempo por falta de tiempo.
“Para pasar el rato tuve que volver sacar los aros, hilos y comenzar a bordar, realmente tenía mucho tiempo que no lo hacía, pero como ahora no tengo nada que hacer en el día en esto es en lo que me ocupo”, dice Contreras.
Comentó que los primeros días de la cuarentena se le hacían eternos, por lo que de alguna manera u otra tuvo que ingeniárselas para que los días no fuesen tan largos ya que no quería pasar todo el día acostada viendo televisión.
Otra abuela que también recordó su oficio pero en el área de la costura fue Elizabeth Ochoa de 65 años, comenta que aunque antes de la cuarentena no salía mucho, pero igual había abandonado por completo su maquina de coser.
“Como no tenía tapabocas quirúrgicos y después dijeron que se podían hacer de tela eso fue lo que comencé a hacer, hice para toda la familia”, admite Ochoa que ha hecho de diferentes modelos y colores para sus nietos.
Se amoldan
“Estar dentro de la casa tanto tiempo es difícil, pero se hace lo que se puede”, fueron las palabras de Betty Ramírez de 75 años, quien aunque en el país hayan medidas de restricción trata de hacer su vida normal.
“Sigo levantandome temprano a hacer el café y a escuchar las noticias, trato de que no me afecte mucho”, dice, aunque admite que lo que se le ha hecho más difícil durante estos días de cuarentena es el cobrar la pensión ya que no tiene tarjeta para comprar en los comercios.
“Pedimos que por favor hagan algo y nos ayuden a nosotros los abuelos que estamos con la plata de la pensión retenida, eso lo necesitamos”, fue el clamor de Betty.
También destacó que le han tocado hacer compras de productos y ningún negocio le queda cerca “cuando tengo que comprar me levanto más temprano todavía porque me tengo que ir caminando y todo queda muy lejos”, ya que vive en el barrio el Carmen.
Wilfredo Castillo manifestó que en día sale aunque sea dos horas a la plaza que queda por su sector en barrio El Carmen ya que necesita agarrar un poquito de “fresco”.
“En la casa hace mucho calor en las tardes, por eso salgo aunque sea un ratico, eso sí siempre salgo con el tapabocas porque hay que protegerse, además que por aquí siempre pasan las patrullas viendo quien esta en la calle” destaca.
Ayuda familiar
Los ancianos comentan que sus hijos y nietos los han ayudado mucho a que los días no los vean tan largos, mostrandoles videos de todo tipo, buscándoles películas, escuchando música e incluyéndolos en actividades que habían dejado de hacer.
“Tratamos de incluir en todo a mi mamá, porque ella antes podía salir a hacer aunque sea sus compras personales, iba y compraba una que otra verdura y como acá en la casa no la dejamos salir si hacemos que se ocupe en algo con nosotros”, comentó Dilcia Flores.
Hijos y nietos para proteger a los abuelos también han optado por colocar en las entradas carteles para prohibir las visitas, otros en las salas de sus casas tienen recipientes con alcohol para que toda persona que entre desinfecte su ropa y zapatos.
“No queremos que nuestros abuelos se enfermen es por eso que tuvimos que tomar medidas drásticas para protegerlo” dice Flores.
Igualmente resaltan que esperan que esta situación termine pronto, ya que tanto encierro para los abuelos después de estar acostumbrados a salir cuando quisieran no es bueno.

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