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miércoles, 15 de julio de 2020

En los últimos meses cada 50 horas ocurrió un femicidio en Venezuela, según Cepaz


Este martes 14 de julio, el Centro de Justicia y Paz (Cepaz), presentó el informe correspondiente al monitoreo de femicidios ocurridos en Venezuela en los últimos dos meses, en el que reflejó que aún en medio de la pandemia, la violencia no descansa.

Por Orianny Granado / talcualdigital.com


Entre el 14 de abril y el 13 de julio, los medios de comunicación digital del país registraron el asesinato de 24 mujeres por motivos de género, lo que podría traducirse en que hubo, en promedio, un femicidio cada 50 horas. En total, 10 niños y niñas quedaron huérfanos.

En el 62.5% de los casos los hechos ocurrieron o bien en la casa de la mujer o en el espacio que compartían con quien se convirtió en su victimario, es decir, en el lugar que se supone debe ser el más seguro.

Desde Cepaz explicaron que las niñas son las más vulnerables ante la violencia, y recordaron el caso de una pequeña de 10 años quien fue repetidamente acuchillada y presentó como signos de violencia lesiones genitales.

Conviviendo con el agresor

En el 37,5% de los casos las mujeres tenían o habían tenido convivencia con sus agresores, bien sea por matrimonio o por unión de hecho. Para los investigadores, el feminicidio a manos de la pareja o expareja suele ser el resultado de un largo proceso de abuso de poder, que puede estar basado en relaciones fuera del marco de la igualdad que dañan la integridad física, psicológica, sexual y económica de la mujer víctima.

En el 16,6% de los casos analizados, los agresores eran integrantes de la misma familia, es decir, eran los padres, tíos, hermanos o primos de las víctimas.

Pero en el 20% de las muertes no se pudo lograr establecer el vínculo con el agresor, porque se desconoce la identidad de los mismos; sin embargo, puede visualizarse que los signos de violencia que aparecen en los cuerpos de las víctimas son dos por lesiones múltiples (golpes, estrangulamiento); uno por lesión genital; y un cadáver arrojado a la vía pública.

Por su parte, en el 54,16% de los casos no hubo testigos presenciales de los femicidios, puesto que estos ocurrieron en el ámbito privado de la víctima y el agresor (casa de la mujer, casa del hombre o casa de ambos).

Para el Centro de Justicia y Paz, la pandemia penetra la realidad de desigualdad estructural de las mujeres; y complejiza el trabajo, existencia, cotidianidad, resistencia y psiquis de las mismas. Vuelve exponencial los diferentes tipos de violencias por ellas experimentados.

Femicidios desatados

Según el monitoreo en el 25% de los casos se presumen que el femicidio se debió a una venganza, y es que “si bien no arrojan en detalle el núcleo del conflicto, dejan una gran expectativa que amerita profundizar en futuros estudios sobre el origen de estos femicidios, ya que no quiere decir que las mujeres pertenezcan a algún grupo delincuencial, sino que la situación bajo la cual se llevó a cabo el feminicidio pudiera estar relacionado con riñas entre delincuencia organizada, incluso, casos de venganzas entre grupos de diferentes célula”.

Al cruzar la categoría de análisis referida a los signos de violencias presentes en el cuerpo de mujer, con la aparente motivación del agresor en los actos cometidos, tenemos que el caso donde se pudo identificar el móvil de los celos, la muerte se produce por apuñalamiento y mutilación; además, en este caso, luego del femicidio, el agresor se suicidó.

El caso cuya motivación se centró en reclamos por infidelidad, la muerte se produjo por estrangulamiento. Los agresores no admiten desvinculaciones de sus parejas. Es necesario la mirada integral que supere las concepciones que justifican la violencia bajo el pretexto del amor o el honor. Este es un enfoque que se da en un contexto machista en el que se percibe a la mujer como propiedad del varón y no se reconoce su autonomía.

En tres de los cinco casos donde los signos de violencia sobre el cuerpo de la víctima, son apuñalamiento y mutilación, el móvil fue la venganza.

Es preciso entender que las muertes de mujeres ocurren en determinadas circunstancias, e incluso que los hombres agresores no siempre son personas unidas por vínculos afectivos con sus víctimas

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