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viernes, 13 de noviembre de 2020

Crece la tensión en Perú: El nuevo presidente pende de un hilo por las protestas y la presión internacional

 


«Quiero comprender que algo les fastidia, pero no sé qué». Antero Flores-Aráoz, primer ministro peruano, de 78 años, no entiende días después de su nombramiento qué sucede en su país, empeñado en olvidar que ya hace medio siglo Santiago Zavala, protagonista de la vargallosiana ‘Conversación en la catedral’, inmortalizó la frase que daba a Perú por jodido.


Por DANIEL LOZANO – EL MUNDO

Su jefe político, el nuevo presidente Manuel Merino, también busca su sitio político tras el meteórico ascenso a la presidencia protagonizado esta semana en el país más afectado por la pandemia. Sacudido por las protestas internas desde el mismo día de la destitución de Martín Vizcarra y el descontento internacional, el ex titular del Congreso cruza los dedos apostando a que la presión se tranquilice en días venideros. La apuesta por un gabinete cargado de conservadores y de furibundos «antivizcarristas» no ha ayudado, ni mucho menos, a la causa. Tampoco la elección de un primer ministro despistado.

Una huida hacia delante que ya arroja incluso dos heridos por bala en la represión policial y múltiples declaraciones en contra, dentro y fuera del país. «Merino, con represión sólo conseguirás terminar en la cárcel, los jóvenes no marchan por colores políticos, marchan por su país. ¡Te metiste con la generación equivocada!», le interpeló a través de las redes sociales el ex alcalde George Forsyth, el candidato presidencial que encabeza las encuestas de cara a las elecciones de abril de 2021.

Las crisis políticas peruanas se superponen unas sobre otras mientras baten récords de lucha contra la corrupción, con tres presidentes destituidos en lo que va de siglo, cuatro encarcelados y uno que se suicidó para no ser detenido. «Es muy probable que en lo de Vizcarra estemos ante un hecho consumado. Lo cual no significa que Merino esté cabalmente instalado en la presidencia. La protesta, una intensa sombra de ilegitimidad y el trabajo de una oposición cerrada le va a dar un sentido particular a la expresión presidencia transitoria», escribió el analista Mirko Lauer en La República, diario influyente que califica lo sucedido como un golpe de Estado.

Como Mario Vargas Llosa, una de las voces más poderosas del Perú, quien subraya que «la Constitución es muy clara: un presidente puede ser acusado, pero solamente puede ser investigado al término de su mandato. Clarísimamente el flamante Congreso ha violado la Constitución».

Gritos dentro, que van más allá de Vizcaya y claman en contra de la corrupción y la vieja política y abogan por la democracia. Y presión muy fuerte desde fuera. Ambas confirman que Merino pende de un hilo en lo que parece una actualización del estallido suramericano de 2019, con sus propias claves y características y con el hastío común de parte de la población.

Como ya sucediera en Bolivia con el fraude electoral perpetrado por el oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS), la Organización de Estados Americanos (OEA) ha marcado el paso al resto de países de la región, como Colombia y Ecuador, para exigir al Tribunal Constitucional que se pronuncie «sobre la legalidad y la legitimidad de las decisiones institucionales adoptadas», así como sobre las diferencias en la «interpretación de la Constitución». Argentina tampoco ve con buenos ojos la jugada de un Congreso en el que 84 de sus parlamentarios también son investigados y sólo Paraguay ha dado la bienvenida a Merino.

Será el próximo miércoles cuando el alto tribunal revise la demanda previa de Vizcarra sobre la capacidad del Congreso para destituirle, para lo cual el nuevo gobierno ya se está moviendo. Su primer paso fue exigir a Daniel Soria, procurador general del Estado, que dimita para situar a una persona de la confianza de la nueva ministra de Justicia.

Los procuradores gozan en Perú de autonomía y, según la Constitución, sólo pueden ser cambiados por falta grave. «La ministra adujo cambio de estrategia. Deben respetar la autonomía del procurador. Sólo puede ser destituido por falta grave a través de procedimiento disciplinario», recordó José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch.

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