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domingo, 20 de diciembre de 2020

Escasez de gas para cocinar vuelve leña la salud de los venezolanos y a su ambiente

 






La cocina rudimentaria a leña que se ha incrementado en Venezuela enferma y deforesta. El aumento en pueblos y ciudades de cocinas improvisadas o fogones con madera como sustituto del gas doméstico que escasea, golpea a una población que desestima posibles afectaciones a su salud, que desconoce la comisión de un delito y que afecta al ambiente en el que vive por la tala indiscriminada   


Ahiana Figueroa / Luna Perdomo


Los hermanos Mario y Rosa Tovar, habitantes de El Junquito, una de las 22 parroquias del Distrito Capital y ubicada a 20 kilómetros de Caracas, llevan semanas cocinando sus alimentos con leña porque no han conseguido dónde comprar gas. A pesar de que tienen cuatro bombonas de 10 kilos, todas están vacías y hace más de tres meses que el despacho no llega.

Mario tiene 68 años y está a cargo de su hermana que, siendo menor que él, tiene Alzheimer. Cuenta con tristeza que varios días consecutivos ha pernoctado en la vía principal de donde vive, a la espera que pase el camión con las bombonas, pero todos los intentos han sido fallidos porque se pasa la hora de mediodía y el servicio jamás aparece.

«El humo de la leña me afecta el pecho, siento que me cuesta respirar y me ahogo cuando cocino, igual le pasa a mi hermana, pero no tengo otra opción porque una hornilla eléctrica cuesta 10 dólares y aunque suena poco, yo no los tengo», lamenta.

La situación de los hermanos Tovar es muy parecida a las de millones de venezolanos que han tenido que hacer uso de la leña, de cualquier otro tipo de madera sacada de muebles viejos y hasta de plástico como combustible para cocinar sus alimentos. Esto sin importarles cuánto daño hace a su organismo el respirar continuamente el humo que se produce, ni si dejan sin árboles a los bosques cercanos, y ni siquiera estar conscientes que están cometiendo un delito ambiental.

«Todos los días recojo leña por todos lados para cocinar. No tengo bombona. No tengo cocina. Donde veo algo, lo rompo y hago como sea para llevármelo a mi casa para poder cocinar», cuenta Daniel Méndez, habitante del sector Las Casitas de La Vega, al oeste de Caracas.

Daniel lleva más de un año cocinando con leña, pero no todos los días consigue, por lo que debe buscarla en medio de la ciudad o fuera de ella, pues en donde vive no hay. «Me meto en los containers, en el monte, hago como sea para buscar madera porque no puedo llegar sin ella; me la monto en el hombro para poder llegar a cocinar. No puedo llegar sin madera», así resume este hombre cómo se le van los días.

En muchos patios de casas de venezolanos se improvisan fogones para cocinar con leña. Foto: Luna Perdomo.

En Venezuela el uso de la leña para cocinar se ha intensificado en los últimos años, a medida que se incrementó la falta de gas doméstico. Los problemas operacionales de la principal empresa estatal del país, Petróleos de Venezuela (Pdvsa), ha generado la paralización de actividades en la planta de fraccionamiento del Complejo Criogénico Antonio José de Sucre, y en donde se produce actualmente apenas 35% de la demanda de gas.


Trabajadores de la industria advierten que el motivo principal de la merma del gas doméstico es la caída de la producción de petróleo venezolano, además de la falta de aditivos. Señalan que las plantas de extracción de gas en Monagas (Santa Bárbara) y en Anzoátegui (San Joaquín y Santa Rosa) trabajan a 20% de su capacidad, plantas que precisamente surten al llamado Criogénico de Jose. Las otras plantas de GLP en Zulia (Bajo Grande y Ulé-La Salina) se encuentran inoperativas desde 2007.

Desde hace más de un año cuando comenzó el deterioro en la distribución de gas en bombonas, representantes del sector indicaron que la producción de Gas Licuado de Petróleo (GLP) era de 39.000 barriles diarios, cuando la demanda es de casi 60.000 b/d. Esto significa que la distribución ha caído 64% entre 2019 y 2020.

«89% de los venezolanos a finales de 2019 cocinaban con gas propano y solo 7% con gas metano, hablamos de que 5,5 millones de familias en el país usan bombonas y 500 mil familias usan gas directo, que llega por tuberías. Esto nos coloca en una situación muy vulnerable, porque el principal combustible que se usa para cocinar es muy costoso y no abunda actualmente en el país», acotó Antero Alvarado, director regional de la firma Gas Energy Latin American.

Señaló que aproximadamente, 4 millones de familias cocinan por lo menos una vez al día con leña, y es que la red de gas directo, el que llega a las casas, el gas metano, solo abarca a las principales ciudades del centro y occidente como Falcón y Zulia, más no así, a los estados andinos, llaneros y del sur del país.

Pdvsa importaba además 6.000 b/d de gas, pero seguía siendo insuficiente para abastecer el mercado. Ahora, la importación se encuentra paralizada desde que el gobierno de Estados Unidos profundizó las sanciones contra la administración de Nicolás Maduro, al decretar nuevas restricciones a la petrolera estatal en 2019.

Actualmente existe un déficit de 12 millones de bombonas, lo que genera la escasez en un país donde 90% de la población se abastece de combustible por esta vía.

Analistas consideran la necesidad de incluir el gas para cocinar en la ayuda internacional a Venezuela, la cual padece de una crisis humanitaria desde finales de 2015 y de una emergencia humanitaria compleja desde 2019. Y esto a pesar de que el país cuenta con la octava reserva de gas del mundo y la segunda más grande del hemisferio occidental. 

Venezolanos esperan horas en colas para comprar una bombona de gas. FOTO: Luna Perdomo

Protestas por doquier

Con la crisis económica venezolana vino la precariedad de los servicios públicos. Muchos venezolanos cansados de lidiar para conseguir el gas doméstico han tenido que comprar cocinas y hornillas eléctricas, pero la falta de electricidad en muchos estados del país les impide cocinar sus alimentos. Es por ello que la leña y cualquier madera se convirtieron en un bien esencial para vivir.

Carmen González vive en una comunidad ubicada al oeste de Maracaibo (estado Zulia), ama de casa y madre dos niños. Desde hace años, en su sector el gas doméstico por tubería «brilla por su ausencia», lo que la obliga a comprar bombonas para poder preparar los alimentos.

Sin embargo, en estos meses de cuarentena se hizo difícil conseguir el cilindro. «Aparte de escasas se volvieron muy costosas para mi bolsillo», relata.

Con el dinero ahorrado, Carmen logró comprar una cocinita eléctrica usada, pero se le dañó en uno de los tantos bajones eléctricos ocurridos durante estos meses. «No me quedó de otra que salir a buscar leña para poder cocinar», cuenta.

Un estudio reciente del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP) encontró que 33,2% de los encuestados cocina sus alimentos con leña. Las ciudades donde predomina esta actividad es Barinas con 52,2%, seguida de Ciudad Bolívar con 48,3% y Porlamar con 44,9%. Sin embargo, el biólogo Alejandro Luy, gerente de la ONG Tierra Viva, aseguró que en casi todos estados se está cocinando con cualquier tipo de madera.

Luy explica que un estudio realizado por esta ONG en el mes de septiembre, arrojó que «en Venezuela, desde Amazonas hasta Margarita, Táchira, Mérida o Tucupita, en todos había datos que indicaban que se estaba haciendo uso de la leña y que venía en crecimiento y acentuando por la falta de gas«.

Otras organizaciones no gubernamentales como Provea resaltan a través de varios informes que una vez agotados los árboles y arbustos de las franjas verdes urbanas, viene la fase del entresaque de estos en los bosques de las afueras de los centros poblados, impactando en las cuencas hidrográficas, muchas de ellas vitales para la población ya que aportan agua para los embalses o acueductos. Además, en busca de leña se intervienen zonas protegidas u otras Áreas Bajo Régimen de Administración Especial, inclusive Parques Nacionales.

Para Henderson Colina, especialista en desarrollo sustentable y coordinador de cooperación Internacional de Asociación de Ecologistas para la Preservación del Ambiente (AEPA) Falcón, pasar de la tecnología moderna a cocinar con biomasa natural constituye un retroceso en un país rico en recursos energéticos, pérdida de calidad de vida, peligro en materia de seguridad ante la posibilidad de provocar incendios de estructura, y además un riesgo para la salud en un contexto de pandemia que tiene características de enfermedades respiratorias.

A lo anterior, suma los efectos dañinos que conllevan el uso de leña de vegetación inadecuada porque no todos los árboles sirven para leña, ya que producen una reacción bioquímica particular con efectos más nocivos.

El protector del medio ambiente falconiano manifiesta que es incalculable los metros cuadrados de bosque que se necesitan reforestar, cuando durante una semana, en una zona popular de 5.000 familias, 50% enciende una vez al día seis pedazos de madera solo para calentar una olla de agua.

La falta de este servicio público también ha intensificado las manifestaciones en todo el país. De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) el pasado mes de octubre la mayoría de las protestas en todo el territorio nacional estuvieron relacionadas con la escasez e irregularidades en la distribución de gas doméstico.

Del total de las 1.484 protestas del mes, unas 431 acciones de calle se generaron principalmente porque la gente no encuentra cómo llenar sus bombonas de gas.

Daños respiratorios

Cocinar con leña genera problemas tanto para el medioambiente como para la salud de quienes se exponen al humo. La neumonóloga Ana Vielma advierte que el humo, sea de leña, de quema de basura o de alguna otra sustancia vegetal «produce en los pacientes, que ya tengan problemas respiratorios crónicos, la descompensación de esas enfermedades».

Vielma detalla que los asmáticos, pacientes con enfermedad obstructiva crónica (enfermedad del fumador), personas con enfermedades pulmonares ocupacionales y hasta quienes sufren de rinitis; son los más vulnerables cuando se exponen al humo de la leña porque es un irritante.

«Ese humo afecta las vías respiratorias, activando toda la cascada respiratoria; lo que lleva a la descompensación de todas las enfermedades respiratorias, comenzando desde la fosa nasal hasta los bronquios», indica.

La especialista en pulmones y respiración asegura –sin embargo– que los daños graves en la estructura del enfisema pulmonar respiratorio ocurren luego de varios años continuos expuestos a este humo. «Cuando cocinas o estás expuesto al humo de la leña tienes que estar en lugares cerrados por más de diez años para que haya algún cambio a nivel de la estructura del enfisema pulmonar; que es como si fumaras», expone.

En este sentido, considera que en la actualidad la utilización de leña “no va a ocasionar enfermedades crónicas a la larga”, porque la mayoría de quienes se han visto obligados a acudir a este método lo hace al aire libre, pero enfatiza que sí lo hará con quienes ya están enfermos.

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