lunes, 20 de noviembre de 2017

Newsweek: Venezuela, la debacle del socialismo del siglo XXI

A man walks past of a wall with graffiti that reads "hungry", in Caracas, Venezuela August 3, 2017. REUTERS/Ueslei Marcelino
Un hombre camina frente a una pared donde se lee un graffiti que dice “hambre” el 3 de agosto de 2017 en Caracas, Venezuela / REUTERS/Ueslei Marcelino

El país que lo tiene todo hoy se encuentra en su peor momento histórico. El coctel molotov donde hervía la sumatoria de todos los males políticos, económicos y sociales estalló… y la desesperación se apoderó de los venezolanos.
Por Carlos Flores para Newsweek (en español)

 
La pregunta de moda en Venezuela es: “¿Ya te vacunaste?” y la respuesta, por lo general, es: “No. No sé dónde”. Antes, en otros tiempos mejores, las conversaciones típicas entre los venezolanos tenían que ver con telenovelas, comida, beisbol y, sí, ciertamente, sobre la crisis (siempre ha habido crisis). Pero en estos momentos —terribles, por demás—, la gran interrogante, aparte de dónde conseguir comida, está ligada a vacunarse contra la difteria. Una enfermedad infecciosa que afecta las vías respiratorias y que, de no tratarse a tiempo, puede ser mortal. Ese contagio es tan fácil y directo, que es normal ver a muchas personas caminando por las aceras de las principales ciudades venezolanas, utilizando un tapabocas, para protegerse.
Pero este es apenas otro de los problemas por los que atraviesa el país que preside Nicolás Maduro. Y seguramente no será la primera en la lista de las preocupaciones del mandatario chavista. Hay otras que, seguramente, le quitan el sueño. La economía, por ejemplo, debería estar a la cabeza. Y es que el peligroso espectro del default, o incumplimiento del pago de los intereses de sus bonos, ha cobrado vida para despertar ante el mundo la gran y penosa realidad: Venezuela, la potencia petrolera, minera; la patria antiimperialista; la nación que se rebela ante las grandes potencias del mundo y ha conseguido su libertad… está quebrada.
CIFRAS ROJAS Y REVOLUCIONARIAS
Para entender la magnitud de la situación económica venezolana es necesario colocar en perspectiva las dos decisiones que, tras su instauración y permanencia, han minado la productividad del país. “En el año 2004 el gobierno estableció el control de precios y el control de cambio, con el objetivo de reestablecer los desequilibrios que estaba atravesando la economía. Vamos a cerrar 2017 y los controles siguen vigentes”, así lo expone el economista venezolano Jesús Casique, director de la firma Capital Market Finance. “El control de precios ha generado escasez de productos y la mayor inflación del mundo. Y el control de cambio engendró tres vertientes: caída en las reservas internacionales, fuga de capitales y procesos de arbitraje (comprar barato y vender caro). El gobierno no ha tenido la menor intención de desmontar estos controles. Al contrario, los ha propulsado”. Y el costo de estas acciones se traduce en la destrucción del aparato productivo y el empobrecimiento de los ciudadanos.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) recientemente actualizó las cifras económicas para Venezuela en 2017 e indicó que la inflación cerrará en 1,134 por ciento. “Es una cifra descomunal”, exclama Casique. “Jamás experimentada en Venezuela. Esto se traduce en un promedio de 23.4 por ciento de inflación intermensual. Para ejemplificar mejor, tengamos presente que, desde 2016, la inflación de Chile cerró en 2.7 por ciento; en Ecuador 1.1; en Perú, 3.3; en Paraguay, 3.9; en Bolivia, 4, y en Colombia, 5.7. Estos países suman una inflación de 20.7 por ciento anual. Y en Venezuela, tan solo en un mes, es de 23.4 por ciento”.
El FMI estima que la inflación en 2018 alcanzará 2,530 por ciento; el promedio intermensual pasaría de 23.4 a 31.3 por ciento. Es decir, la inflación se duplicaría cada 77 días.
En medio de esta situación, el gobierno ha incrementado los salarios, en términos anualizados, en 402.7 por ciento, pero este es absorbido por los niveles elevados de inflación. Igualmente es imposible obtener datos oficiales por parte del gobierno venezolano, ya que el Banco Central de Venezuela mantiene una opacidad total y hace un par de años que no publica cifras oficiales. Por lo que la comisión de finanzas de la Asamblea Nacional (el parlamento venezolano con mayoría opositora) presentó sus cifras, indicando que la inflación en el mes de octubre alcanzó el 45.5 por ciento; mientras que la acumulada en los primeros diez meses del año es de 825.7 por ciento. Y se calcula que para el cierre del año alcance los 1,300 por ciento.
A escala mundial, para 2018 Venezuela será el país con mayor inflación en todo el planeta tierra, con 2,530 por ciento y luego le seguirá la República Democrática del Congo con 40 por ciento. “Tras cuatro años en caída libre de su producto interno bruto (PIB), Venezuela no está en recesión sino en depresión”, argumenta Jesús Casique. Por otro lado, referirse a la deuda es otro tema que entra en el oscurantismo, ante la ausencia de data oficial. “Cifras van y vienen y no se conoce el monto exacto de la deuda. El gobierno realizó un aviso a los mercados para un refinanciamiento o reestructuración de la deuda. Esto es muy cuesta arriba. Para refinanciar deuda, usted tiene que seguir pagando; si no pagas, entonces es una reestructuración porque entras en una cesación de pagos. O un default. La deuda debe estar alrededor de los 125,000 millones de dólares. La deuda consolidada es la global; con China, Rusia. Pero la que convocó el gobierno a reestructura es la deuda con los mercados: los bonos de Pdvsa y los Soberanos”, puntualiza Casique. Mientras un factor clave altera los mercados, produciendo una caída de los bonos: las sanciones internacionales impuestas, que repercuten en las transacciones de los bonos.
Pero más allá de toda la constelación de problemas que acabamos de mencionar, la peor de las noticias es que Venezuela ha perdido su único bote salvavidas: el petróleo. Y es que la producción ha caído considerablemente y la que alguna vez fue la empresa petrolera más importante del mundo, hoy está destruida, endeudada y depende de los auxilios del Banco Central de Venezuela (antes era lo opuesto). En el informe de fuente directa de la OPEP (los datos directos que suministra Pdvsa) hasta el 17 de septiembre, la producción en 2017 fue de 2,085,000 barriles, mientras que en 2016 fue 2,373,000. Pero en la información secundaria, que es elaborada directamente por la OPEP, los números son: 1,890,000 barriles en 2017 y 2,159,000 en 2016. En ambos casos la producción ha caído sustancialmente. Y técnicamente no se puede producir más petróleo debido a que solo hay 42 taladros funcionando.
En opinión de Jesús Casique “las recomendaciones para salir de estos problemas son muy sencillas y los economistas las hemos señalado desde hace años: eliminar el control de cambios; tener una unificación cambiaria, desmontar el control de precios. El único país del mundo con cuatro tipos de cambios es Venezuela. Posteriormente, eliminar las trabas burocráticas para establecer empresas en el país. Acá se necesitan 20 procedimientos y más de 230 días para abrir una empresa. Y tener el factor confianza, que es fundamental para generar ingresos en divisas de los inversionistas internacionales directos”. Pero acota que nada de esto parece posible, ya que “la visión del gobierno es lo que ellos llaman socialismo del siglo XXI, que está basado en establecer controles, expropiar empresas privadas. Es un gobierno que quiere tener el poder de la economía. En la medida que continúe este modelo, que solo ha llevado a cuatro años de decrecimiento económico, es difícil que ocurra una reactivación económica”.
LOS AMIGOS DE MADURO
Y si algo ha impedido que el hundimiento del Titanic venezolano sea más rápido, es el apalancamiento económico gracias a la intervención de otras naciones. María Teresa Belandria, abogado, doctora en ciencias políticas y profesora de derecho internacional en la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Metropolitana (ambas ubicadas en Caracas), señala la clara participación de Rusia, China, Irán y Cuba: “son actores de peso no solo en Venezuela sino en el mundo. Para Rusia y China, nuestro país ha sido un socio comercial, un cliente. Pero no un aliado estratégico sino coyuntural. Las ventas de armas, de equipamiento y dotación militar, así como la construcción de casas, son parte de un paquete financiero muy conveniente, con poca inversión pero grandes beneficios, para los contratistas de lado y lado. Mientras que el endeudamiento con China, en acuerdos poco transparentes, coloca al país en una situación de extremada vulnerabilidad financiera”.
Según Belandria, Cuba por su parte tiene una influencia política-ideológica determinante desde 2004 y es el país que ha obtenido más beneficios económicos de su relación con Venezuela, especialmente por petróleo. “La migración controlada de médicos cubanos para el programa Barrio Adentro es la muestra de la primera avanzada de ocupación, que terminó de concretarse con los militares cubanos del GRUCE (Grupo de Coordinación y Enlace) que trabaja a la sombra del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional y cuya doctrina queda plasmada en el Plan Sucre y en la redefinición de las estructuras y despliegue de la FAN. Irán, por su parte, tuvo un papel muy activo antes de la llegada del moderado Rohani a la presidencia de ese país y es poco lo que se conoce oficialmente de sus inversiones en Venezuela”, explica María Teresa Belandria. “Un país es soberano cuando es capaz de proveer a sus ciudadanos de cosas fundamentales: salud, alimentos y seguridad. Además, es soberano cuando sus decisiones no dependen de créditos o alianzas y además, defiende su integridad territorial. Con estos elementos no creo que pueda afirmarse hoy que Venezuela es un país soberano e independiente”.
Venezuela está bajo el spotlight mundial, sanciones, críticas. La comunidad internacional envía señales claras de preocupación. “Lamentablemente los países no tocan fondo, y menos un país petrolero que siempre tendrá recursos”, acota Belandria. “Las sanciones a la fecha están dirigidas a personas y solo a ellas afecta, así como a su capacidad de hacer negocios o viajar fuera del país. Pero esa situación puede mantenerse durante mucho tiempo sin que se traduzca en posibilidades de cambio real”. En consideración de la profesora de derecho internacional, Venezuela pudiera quedar aislada de los foros que han condenado la actuación del gobierno, especialmente en materia de derechos humanos. Pero rodeada y apoyada por sus aliados coyunturales, puede sobrevivir y más si una parte de la oposición política venezolana le da el soporte y la legitimidad que necesita.
A la hora de comparar la situación venezolana, Belandria señala a Zimbabwe, Siria y Sudán, como referencias. “Sus presidentes fueron sancionados, incluso el de Sudán tiene una orden de arresto internacional emitida por la Corte Penal Internacional desde 2009. No viajan para evitar ser detenidos, pero siguen oprimiendo a sus pueblos, frente a una comunidad internacional incapaz de materializar sus acciones. Quizá el caso más emblemático sea Corea del Norte, en ese país la crisis humanitaria es enorme, no existe la libertad y además los recursos se han empleado para desarrollar armas que amenazan a todo el planeta. La ONU tiene más de cinco décadas condenando a Corea del Norte, al igual que condena a Zimbabwe, Siria (con siete años de guerra civil y uso de gases contra la población) y Sudán con 500,000 muertos. Se condena, se censura, se exhorta, pero no pasa nada”, asevera. “Ahora los dictadores no se exilan, porque saben que no serán recibidos en ningún país democrático; se quedan dentro de su territorio, hacen elecciones, las ganan con el 80 por ciento de votos, decretan la inexistencia de la inflación, pero siguen ejerciendo el poder. Lamentablemente los ejemplos son poco alentadores, pero ahí están”, concluye.
INJUSTICIA PARA TODOS
Con un panorama mucho menos que fatídico en términos económicos para el cierre de 2017 e incluso peores para 2018, los venezolanos deberán acatar las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), declarada ilegal e ilegítima por decenas de países, que actúa como órgano supra constitucional y, en afirmación de Gustavo Manzo, abogado y profesor de derecho constitucional en la Universidad de Carabobo y Universidad Central de Venezuela, para las áreas de Pre y Posgrado, la “Constituyente”, como popularmente se le conoce en Venezuela, es la principal causante de que el actual marco legal constitucional se encuentre dislocado, fracturado en toda su extensión. “Hoy las normas por debajo de la Constitución y las decisiones de los diferentes tribunales del país, incluyendo el Tribunal Supremo de Justicia, están en contravía en muchísimos casos al texto constitucional. A esto se le suma una ANC que ejerce su poder de manera absoluta en el país y que luego de su creación, fraudulenta, posee más poder que ningún otro órgano dentro del Estado”, explica Manzo. “Por supuesto no podemos perder de vista que además de lo que cada norma significa, se supone que de manera intrínseca ellas encarnan un valor establecido constitucionalmente —libertad, igualdad, justicia, pluralismo en términos generales, y pluralismo político, democracia, solidaridad, entre otros. Y allí conseguimos el punto en el cual se presentan las mayores violaciones al texto constitucional. La Constitución ha perdido por completo su espacio de vigencia dando paso a otra diferente que proviene o del ordenamiento jurídico por debajo de ella o de la interpretación que lleva a cabo el Tribunal Supremo de Justicia en contravención al mismo texto de la Carta Magna”.
En términos legales, Manzo cataloga al socialismo del siglo XXI como “el mismo modelo del socialismo marxista-leninista, que ya antes había fracasado en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas; en la China de Mao Tse Tung; la Cuba de Fidel Castro y en todo el bloque comunista del siglo XX. Por supuesto con elementos que retocan su cara externa para poder denominarle de otra forma. Este socialismo ha fracasado en Venezuela. Por ejemplo, se habla de humanismo, se mezcla con elementos de naturaleza religiosa y en una mixtura que poco se entiende emerge esta denominación”.
Este socialismo del siglo XXI, según Manzo, aparece concretado en los diferentes planes de la patria (planes de la nación), en los cuales se ven descritos con toda claridad los objetivos, los medios, la forma que utilizarán para implantarlo, muy cercano a conceptos y definiciones en desuso desde el punto de vista científico, pero muy vigentes en Venezuela. “Por ejemplo el materialismo dialéctico y las leyes de unidad y lucha delos contrarios, negación de la negación y paso de la calidad a la cantidad y viceversa (todo basado en Hegel y Engels), se aplican de manera estructural en Venezuela y evidentemente esto nos mantiene en una especie de laberinto del cual no logramos salir”. Lo cual aproxima a los venezolanos a un futuro cercano “catastrófico”, increpa Manzo, “con seguridad la ANC aprobará un estado colectivista, socialista o comunista. Ninguna ley promulgada en la Asamblea Nacional tendrá vigencia, tal y como ha ocurrido hasta ahora, al ser anuladas todas por el Tribunal Supremo de Justicia. En este momento las leyes son meras excusas para el logro de los fines que se ha propuesto el poder que rige en Venezuela”, concluye el profesor Gustavo Manzo.
Es el gran fracaso de un modelo que prometía, y sigue prometiendo, utopías de igualdad y prosperidad. Pero cuya realidad se resume en la pregunta de moda: “¿dónde me vacuno contra la difteria?”. Y nadie sabe la respuesta.

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