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domingo, 3 de enero de 2021

Y el país con las mayores reservas mundiales de petróleo se quedó sin gasolina

 


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La escasez de gasolina y las colas de días en las estaciones de servicio fueron la constante este año y el principal tema de preocupación de los venezolanos, más que la pandemia


Jackson Belandria fue detenido en una estación de servicio de Mérida el pasado octubre por hacerse el muerto. Después de meses lidiando con colas, escasez y fallas en el suministro de combustible en la capital andina, decidió fingir que había muerto, que era otra víctima de la covid-19, para ver si se apiadaban de su cadáver y lograba conseguir apenas 20 litros de gasolina.


El 2020 será recordado por la mayoría de los habitantes de la Tierra como el año que cambió las formas, modos y relaciones de las sociedades occidentales, los venezolanos lo recordarán cómo la época en la que cambió su relación con la gasolina: de ser la más barata de mundo –al punto de ser más costosa la emisión de un billete para pagar el combustible que el total de un tanque de 10 litros–, a una de las más caras del planeta; de consumir la gasolina más óptima a tener que aceptar pocos litros de una peor calidad; de comenzar a pedalear una bicicleta no solo por diversión o deporte; de echar gasolina el día que quieras a esperar el día que toque (si hay) o pagarla más cara; y de asimilar las distancia en función del precio de un litro de gasolina.

La escasez de combustible y las colas de días en las estaciones de servicio fueron la constante este año y el principal tema de preocupación de los venezolanos, más que la pandemia. Provocó cientos de protestas, en los cuatro puntos cardinales del país; varias dejaron saldos lamentables: en julio Joe Albornoz, de 18 años, pescador, falleció en una protesta por gasolina en la Isla de Toas, estado Zulia. También Carlos Enrique Chaparro, de 47 años, quesero, en la estación de servicio Buenos Aires de Aragua de Barcelona, Anzoátegui, tras recibir un disparo de un efectivo de la Guardia Nacional.

Zulia La Verdad Gasolina

Foto: La Verdad

¿Cuarentena por covid-19 o por combustible?

Regiones como Táchira, Zulia o Monagas tienen un lustro reportando fallas en el suministro de combustible. Sin embargo, fue este 2020 cuando la escasez arropó a todo el país. A una semana de la cuarentena decretada por el gobierno de Nicolás Maduro para evitar la propagación de la covid-19, la escasez de combustible se hizo evidente: sólo podía circular personal prioritario y aun así las estaciones del servicio del país no cubrían la demanda.

*Lea: La escasez de gasolina se intensifica en Venezuela

En este momento muchos venezolanos pensaron que la cuarentena era más para “tapar” la falta de combustible que para evitar la propagación de un virus, para entonces, en Venezuela, menos letal que el hampa, las FAES o una diarrea en Delta Amacuro.

Para mediados de marzo la demanda interna de gasolina era de unos 80.000 (b/d), esta cifra bajó significativamente con la paralización de actividades debido a la cuarentena por el coronavirus a menos de 45.000 bd, según proyecciones de analistas. El consumo más alto que se ha observado en el mercado interno oscila entre 350.000 a 400.000 bd.

Y para finales de marzo el Ejecutivo prometía que llegaría una carga (el barco Gemma, con bandera de Malta, que transporta 320.000 barriles de gasolina que se cargaron en Milazzo, Italia) y la reactivación de una unidad de la refinería El Palito para reanudar la producción de gasolina de 91 octanos.

En abril la Bolsa Agrícola de Táchira no se llevó a cabo debido a la severa escasez de combustibles, primera vez en 25 años que se paralizaba

La escasez de combustible se llevó las cosechas

En abril la falta de combustible paralizó la distribución de hortalizas desde Táchira. En Falcón, Lara, Mérida y Zulia reportaban el abandono de los campos y la pérdida de cosechas. Muchos productores viajaron a tiempos remotos, para evitar perderlo todo: ensillaron caballos y cargaron burros para trasladar lo que pudieran.

En Falcón y Lara no había gasolina “ni para equipar una ambulancia”, reportaba El Impulso; y los pacientes renales y los oncológicos de Anzoátegui, Bolívar, Falcón, Lara, Yaracuy, Táchira y Zulia denunciaban la interrupción de sus tratamientos por la escasez del carburante.

Según la Encuesta Nacional Impacto covid-19 realizada por la Asamblea Nacional, el suministro de gasolina de manera continua en Venezuela era de solo 0,28% durante la primera semana de abril.

Y El Palito seguía sin arrancar.

La gasolina iraní y el cambio de modelo

El 23 de mayo entró a territorio venezolano el primer buque, de los cinco que pactó Maduro con Irán, para paliar la escasez de gasolina. Cuatro días más tarde, el mandatario adelantaba el nuevo modelo: «la compramos en dólares y hay que cobrarla», dijo. Unas 72 horas después anunció los nuevos precios del litro de gasolina: 5.000 bolívares o 50 centavos de dólar, dependiendo si se adquiere la subsidiada o la que será vendida a precio internacional.

El 1° de junio comenzó a despacharse la gasolina iraní. Ese lunes cambió el país, oficialmente, la gasolina dejó de ser barata, a libre demanda y buena; cambió la relación entre la estatal petrolera y los dueños de estaciones de servicio. También llegó la primera flexibilización de la cuarentena.

Se establecieron las “bombas CLAP”, las subsidiabas –que comenzaron siendo 200 en todo el país, hoy son muchas menos– y las “bombas Bodegón”, la de precio internacional.

El chavismo acabó con la diversidad de las estaciones de servicio, las uniformó todas de rojo y ahora deja que se asome el verde oliva.

A 12 de días de inicio del nuevo sistema de venta de gasolina implementado por Maduro, en el interior del país seguía la escasez de combustible y las colas kilométricas y de más de 72 horas en las estaciones de servicio. Mientras, en Caracas ya había pasado el caos.

*Lea: Analistas estiman que esquema de la gasolina aplasta al ciudadano y crea desigualdades 

Para despedir el mes, salió a la luz pública la toma forzosa de estaciones de servicio arrendadas por Pdvsa a terceros.

Gasolina

En el interior del país seguían las colas

El lunes 13 de julio Venezuela entró en un nuevo sistema de flexibilización de la cuarentena con tres niveles, de acuerdo a la región y sus cifras de covid-19: nivel uno Radical; dos, Parcial y Vigilada; y tres, Flexibilización general. En Distrito Capital como en el estado Miranda habían disminuido las colas de vehículos en las estaciones de servicio, pero no así en el resto del país. En estados como Apure, Táchira y Zulia la situación seguía siendo dramática.

La refinería El Palito era palizada una vez, fugas múltiples en las torres de craqueo catalítico y destilación fueron la causa; y la refinería Cardón, una de las que funciona en el Complejo Paraguaná, no pudo ser puesta en marcha. También la gasolina iraní comenzaba a acabarse.

En agosto el 80% de las bombas subsidiadas estaban cerradas, por falta de gasolina, y en las de precio internacional era racionada. Los trabajos en El Palito y Cardón una vez más tuvieron que ser suspendidos.

Para finales de septiembre llegó el segundo lote de buques iraníes acordados por Maduro: una flotilla de tres tanqueros procedentes de Irán con un cargamento de más de 800.000 barriles de gasolina. Y el secretario de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros (FUTP), Iván Freites, denunció que unos 150.000 barriles de gasolina habrían producido en los últimos ocho días la refinería Cardón, pero ésta no se había distribuido por razones que se desconocen.

Volvió el “el pico y placa” en octubre, siguieron las colas, las protestas y las fallas de distribución. En noviembre comenzó la campaña de los candidatos a la Asamblea Nacional, en Zulia comenzaron a “producir” una gasolina artesanal, en Cojedes detuvieron a la doctora Ligia Salcedo, por protestar por irregularidades en el suministro de gasolina en el municipio Tinaquillo.

El 18 de noviembre el director ejecutivo de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (Futpv), Eudis Girot, fue detenido en Pozuelos, estado Anzoátegui, por la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim). Posteriormente, le imputaron los delitos de: terrorismo, asociación para delinquir, conspiración y divulgación de información confidencial. Desde enero y hasta su detención había denunciado 30 irregularidades alrededor de la producción de gasolina, y gas, además del deterioro de las refinerías.

Las estaciones de servicio de Caracas mostraban filas de varias cuadras, tanto que en una bomba de La Florida bailaron Jerusalema; reto que se hizo popular a partir de febrero de 2020 cuando en varios hospitales del mundo se bailaba la canción como símbolo de esperanza para vencer al covid-19, en Venezuela el clamor es por gasolina.

Foto: La Verdad

Las escenas que se vieron este año en el país son las consecuencias de la suma de varios factores: la crisis de la industria petrolera venezolana, las sanciones impuesta por EEUU a Pdvsa y la pandemia de la covid-19; explica el economista y experto en materia petrolera, Rafael Quiroz.

Desde el año 2004 la industria viene presentando problemas de producción y refinación, esto se ha acentuado en los últimos siete años, resalta Quiroz. La desinversión, falta de mantenimiento y desprofesionalización que muestra actualmente la estatal petrolera, también han aportado a la crisis. Las sanciones agregaron más leña al fuego, “Empresas que venían suministrando gasolina dejaron de hacerlo para no ser salpicadas por estas sanciones y evaden comercializar con Pdvsa. Luego la pandemia complejizó más las cosas, porque trastocó el mercado mundial de los hidrocarburos”.

En Venezuela hay seis refinerías, ubicadas en Anzoátegui, Carabobo, Falcón y Zulia; que están en capacidad de producir un millón 300 mil barriles diarios (bd), como capacidad instalada; pero actualmente se está produciendo cerca del 7%, 85 mil bd; “esto no da para abastecer el parque automotor venezolanos, que está en los 3.6 millones de vehículos, de todo: transporte, privados, de carga, oficiales, etcétera”.

En cuanto a las perspectivas para el 2021, Quiroz estima que el nuevo gobierno de los Estados Unidos puede “suavizar las sanciones” y permitir que Venezuela compre gasolina en sus propias refinerías de Citgo, ubicadas en territorio estadounidense.

A pocos días de finalizar el 2020 los venezolanos siguen a la esperando por combustible, y no por capricho: cómo se mueve un país petrolero, diseñado para el desplazamiento en automóviles y sin un sistema de transporte público, sin combustible; ahí la medida desesperada –más que “viveza criolla”– de Jackson Belandria.

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