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lunes, 29 de junio de 2020

Esperanza de cambio se diluye ante crisis de servicios y el control político


Venezolanos unidos




El desmontaje de los partidos políticos, de las organizaciones sociales y gremiales, así como la ausencia de estructuras donde dirimir los conflictos pareciera alejar las posibilidades de nuevos vientos en Venezuela. Los sociólogos Francisco Coello y Trino Márquez afirman que hay intenciones del gobierno de desestimular la esperanza, al mejor estilo cubano



La esperanza de cambio en el país se diluye ante la crisis de servicios y el control político aplicado por el gobierno de Nicolás Maduro. Además, el desmontaje de los partidos políticos, de las organizaciones sociales y gremiales, así como la ausencia de estructuras donde dirimir los conflictos, parecieran alejar las posibilidades de nuevos vientos en Venezuela.


“En este momento, esperanza de cambio en el país no hay. En este instante, hay un cuerpo social muy maltrecho y los músculos del tejido social están destruidos, así como los partidos. Además, hay un componente de miedo por la represión, sobre todo en las zonas populares a donde se meten las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) y otros organismos de seguridad”, señala el sociólogo Trino Márquez.

El investigador subraya que la gente sabe de los efectos de vivir en medio de un gobierno autoritario, en el que han sido liquidados los partidos. Además se acercan las elecciones parlamentarias, que se proyectan se realicen en diciembre de 2020, pero sin ninguna garantía de que vayan a ser unos comicios competitivos. El asunto radica en que no se vislumbran salidas o, por lo menos, no en el futuro inmediato.

“La esperanza debe estar acompañada con ciertas evidencias empíricas, como cuando tienes a un familiar enfermo y ves síntomas de mejoría. Para que haya esperanza, la gente debe ver instrumentos como los partidos políticos, los gremios, las organizaciones independientes de la sociedad civil; las asociaciones y federaciones de estudiantes”, subraya el sociólogo Trino Márquez.

Añade que en ese contexto, tiende a aumentar el aislamiento de los individuos en medio de sus afanes cotidianos. Además, los ciudadanos no tienen la expectativa de incorporarse a organizaciones en las que su esfuerzo individual se vea incrementado.

«Como no hay organizaciones sociales donde acudir, o están desmanteladas, los ciudadanos no tienen donde dirimir la ira, el descontento y la desesperanza. La desesperanza no es solo un problema emotivo, también tiene un sustrato material objetivo y la falta de espacios para organizarse, sus organizaciones han sido destruidas», acota el sociólogo.

Esperanza golpeada

Por su parte, el sociólogo político Francisco Coello afirma que en medio de la precariedad y el colapso de los servicios se ubican las intenciones del gobierno de Nicolás Maduro de estimular la desesperanza.

«Habría que distinguir dos cosas: La esperanza en un sentido genérico y la esperanza digamos sustentada en situaciones reales y convincentes. La otra cosa que habría que considerar es que los regímenes totalitarios tienen como un objetivo político precisamente crear un estado de desesperanza generalizado, es un mecanismo de control político fundamental«, enfatiza el sociólogo político Francisco Coello.

El investigador asevera que en Venezuela se sabe que el gobierno recibe asistencia del gobierno cubano que, a su vez, aprendió de la Stasi, la policía política de Alemania Oriental. Esa asesoría, según Coello, conlleva a un curso de acciones que se ubican en dos vertientes.

«Por un lado está toda la devastación económica que crea desempleo y mucha gente entiende que es por malas políticas. Las malas políticas económicas van construyendo una gigantesca masa de personas empobrecidas sin empleo, y crean un primer nivel de desesperanza, es decir, yo no me puedo valer por mí mismo. Ese es el ciudadano ideal en términos económicos. Pero, después hay un objetivo político», esboza.

Ese objetivo político, de acuerdo con Francisco Coello, orienta la política comunicacional y educativa que tiene varios objetivos. Explica que el primero de los objetivos es generar la desesperanza aprendida: «Yo, Estado totalitario, voy entrenando a la población para que sistemáticamente se vaya desesperanzando».

Agrega que el segundo objetivo es que el ciudadano empiece a desconfiar o no tenga capacidad de confiar o de hacerse alguna ilusión con las instituciones en las que antes participaba socialmente: sindicatos, asociaciones de vecinos, organizaciones no gubernamentales (ONG), y partidos políticos. Se trata de instancias que permiten canalizar  los problemas y buscar una solución colectiva.

Apunta que el gobierno asume medidas según las cuales los partidos ya no van a poder representar a los ciudadanos. En esa receta, persigue a las ONG, los sindicatos están fuera de combate y las asociaciones de vecinos tienden a ser reemplazadas por los colectivos o comunas.

Coello señala que el tercer objetivo, al generar la desesperanza, es que los ciudadanos se resignen. Esto origina que se produzca la migración masiva (que según Acnur podría alcanzar seis millones de personas en 2020), que la gente se adapte o se someta al sistema político, o desarrolle un concepto muy asociado a los sistemas totalitarios que se llama insilio, un exilio pero hacia adentro.

«Entonces la persona que está padeciendo persecución política, económica, decide encerrarse en sí mismo, en sus relaciones personales más cercanas, familiares», acota.

Esperanza mermada por servicios

El sociólogo Trino Márquez coincide con Francisco Coello en que la desesperanza que viven los ciudadanos ha sido inducida por el gobierno. Agrega que puede hablarse de una desesperanza alimentada por la realidad cotidiana.

«Uno de los trabajos conscientes del régimen es la destrucción de las relaciones civiles, destruyó el tejido social que es una bisagra entre la sociedad civil y el Estado. Esto lleva  a la sensación de pesimismo», acota.

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Márquez indica que, en efecto, se aprecia un desasosiego cotidiano aderezado por la crisis de los servicios públicos. En Venezuela, expresa, hay un combate por la supervivencia y la gente vive en la lucha no para llegar a diciembre de 2020, sino para ver cómo llega a la semana siguiente. Pone como ejemplo que 65% de los hogares de los venezolanos sufren las fallas en el servicio de gas.

Tachirenses sin gas

En ese contexto, Márquez dice que existe un proceso de resignación, con lo cual se registra una suerte de cubanización del país. Todo eso se da, explica, mientras los ciudadanos se las ingenia para obtener ingresos y llevar alimentos a la casa dado que la mayoría de los empleos son precarios.

Cero expectativas

El director de Hercón, Marcos Hernández, sostiene que «la esperanza siempre estarán presente como agente de cambio. Solo que emerge en momentos históricos donde existen partidos y líderes políticos unidos por una causa».

Hernández, también sociólogo, cree que el gobierno de Maduro, al mejor estilo cubano, es el que se encarga de motivar o desesperanzar a los venezolanos. «Esto se aplica en cuba, la gente vota y el gobierno elige», subraya.

En la encuesta telefónica de Hercón, hecha con una muestra de 1.000 personas y con corte del 15 de junio de 2020, 88% de la población no tiene expectativa de cambio.

«La complejidad de la situación económica nos los lleva a tener esperanza de que las cosas puedan mejorar en este año 2020. La gente señala aspectos como la hiperinflación, el dólar; la gente no entiende de macroeconómica pero comprende que le afecta el bolsillo», expresa el director de Hercón, Marcos Hernández.

Sostiene que el deseo de cambio también está articulado a lo político, mientras el país se cae, los ciudadanos han dejado de creer en los partidos; y asevera que los cambios políticos se darán, el asunto es el cómo.

Afirma que lo que está en el tapete son las decisiones del Consejo Nacional Electoral (CNE) designado por el Tribunal Supremo de Justicia y unas elecciones parlamentarias a las que concurriría el gobierno de Maduro, los partidos de la Mesa de la Unidad Nacional, conocida como la «mesita», y las juntas directivas ad hoc de Acción Democrática (AD) y Primero Justicia (PJ).

mesita de diálogo electoral

Hernández expresa que el gobierno todavía maneja un capital político electoral de 25% y la mesita podría llegar hasta un 10%. Cree que con esos porcentajes, el gobierno aspira refrendar a la nueva Asamblea Nacional (AN).

Esperanza con rendijas

Pero la esperanza puede encontrar rendijas por donde asomarse. «Con todo lo que puede hacer el Estado, el ser humano se aferra, de alguna manera, a la esperanza porque es  un elemento como central de la condición humana. Aún cuando un pueblo haya sufrido mucho, si la gente ve alguna pequeña grieta  de posibilidad, inmediatamente, empieza a reescribir la la esperanza como una una posible acción posible política. Yo creo que eso está presente en Venezuela sobre todo además por nuestra tradición libertaria y una cantidad de elementos importantes. Nadie se resigna a vivir en la escasez, en la precariedad», apunta el sociólogo Francisco Coello.

Para el sociólogo Trino Márquez, las rendijas podrían venir por la recuperación de las estructuras sociales. Apunta que el cambio no solo se logra con el voto, aunque es menester recomponer a los partidos, así como a los movimientos estudiantiles y los gremios.

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